Modelos asociativos cañeros, un ejemplo para el sector: Argentina

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La Cooperativa Pilco trabaja en un total de 300 has. El trabajo junto al INTA, en el marco del PROICSA, les permitió realizar semilleros registrados y certificados y lotes comerciales.

A partir de la motivación por otras experiencias asociativas de cañeros, en el año 2016 comenzó a conformarse la Cooperativa Pilco, integrada por 15 socios, entre los cuales se encuentran 4 jóvenes (menores de 35 años). Sus propiedades, mayormente, están ubicadas en la zona de Pilco, Los Costilla, Yerba Buena, Macio, Huasapampa y Yonopongo. En total, cuentan con 300 has.

Los integrantes trabajan junto al INTA, en el marco del Programa para Incrementar la Competitividad del Sector Azucarero (PROICSA) desde sus comienzos en el año 2013.

A partir del asesoramiento técnico de las Ing. Agrs. Carla Bueso y Melina Pardo y la Ing. Zoot. Dolores Busnelli, pudieron realizar semilleros registrados y certificados y lotes comerciales.

Mediante talleres participativos, avanzaron en el diseño y construcción del “Plan de Acción 2017” para introducir mejoras en el cultivo y cosecha de la caña, que permitan mejorar aún más el proceso de producción.

En un balance sobre la historia de conformación y desenvolvimiento de la cooperativa, los productores Gustavo y Ramon Vega, Roque y Remigio Ruiz, Segundo Cruz, Sebastian y Pablo Vega, Jose Alincastro, Hugo Paez, Salvador Almiron, Matias y Oscar Vega, Raul Venega, Tobías Ávila y Jorge Pedraza nos cuentan su experiencia.

¿Cómo fue el proceso de conformación de la cooperativa?

En el año 1998, algunos de nosotros comenzamos a trabajar en el Programa Social Agropecuario (PSA), reuniéndonos entre los vecinos y familiares porque la situación agropecuaria no venía bien; incluso, muchos productores, algunos conocidos, habían empezado a vender sus tierras o buscar trabajo en la ciudad. Por lo tanto, nosotros consideramos que era indispensable fuerzas. No queríamos dejar la actividad cañera, es lo que sabemos hacer. Con el PSA hubo algunos beneficios para los productores agrupados como herramientas, insumos; un grupo, incluso, pudo recibir un tractor.

Luego se conformó una cooperativa donde fuimos socios fundadores. Al principio fue una salida posible, pero al poco tiempo decidimos abrirnos porque no seguía los lineamientos de lo que nosotros esperábamos del asociativismo. Básicamente, las decisiones no se tomaban de forma conjunta. Por ejemplo, no había asambleas ni se realizaba la cosecha a todos los socios. Por estas cosas, decidimos abrirnos de la cooperativa y conformar un grupo donde todos nos inscribimos como monotributistas independientes. En el 2012, conformamos el Consorcio, que significó un avance a nivel organizativo.

¿Qué significó el apoyo del PROICSA para ustedes?

A partir del 2013, ya con el asesoramiento del PROICSA, pudimos acceder a otros beneficios como caña semilla saneada, asesoramiento técnico para todo el proceso productivo y análisis de suelo. Todos estos factores significaron un cambio cultural en el modo que trabajábamos el cañaveral y, poco a poco, comenzó a verse reflejado en mejoras productivas y económicas.

¿Qué entienden por asociativismo? ¿Por qué decidieron trabajar de forma grupal?

Los cañeros somos individualistas. Eso está en la historia del sector. Sin embargo, la experiencia nos fue demostrando que, llevar adelante buenas practicas asociativas puede significar mejoras productivas, culturales y económicas para el sector.

Lo interesante del trabajo cooperativo es que somos nuestros propios jefes y, de esa forma, pudimos avanzar. En nuestra cooperativa, la división de tareas es equitativa: todos sabemos hacer todas las tareas y las decisiones las tomamos en asamblea.

Nosotros consideramos que si nos va bien significa un avance para toda la zona, ya que podemos ofrecer servicios a otros productores pequeños que, por ejemplo, no pudieron cosechar por cuenta propia el año pasado dada la crisis del sector.

Trabajar en cooperativa es una gran responsabilidad pero, también, es muy importante poder asumirla. Implica que cada uno conozca sus derechos y sus obligaciones.

¿Cuáles son las proyecciones de la organización a futuro?

Nos gustaría hacer algo de diversificación como, por ejemplo, la cría de animales.

Un anhelo sería poder seguir trabajando grupalmente y que nuestros hijos puedan sumarse también para continuar con la actividad cañera.

También nos gustaría tener un galpón o una sede propia de la cooperativa porque, actualmente, las reuniones se dan en las casas de los socios.

En una reflexión sobre las necesidades de la cooperativa para lograr una mayor eficiencia en sus labores, las técnicas asesoras plantearon la adquisición de equipamiento. “Se solicita un tractor grande de 200 hp, una rastra pesada para preparar suelo, un equipo de cincel o subsolador, un indujor, una pulverizadora, un surcador de doble base ancha y un acoplado para transporte. Todo esto, siempre y cuando, se trabaje con otros productores asociados al PROICSA de la zona, ya que lo que se busca son avances zonales que motiven el trabajo en red entre los pequeños productores a fin de fortalecer al sector”.


 

 

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Autor entrada: REDACCION

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