Las zonas rurales, a menudo consideradas focos de pobreza, son clave para el crecimiento económico de los países en desarrollo

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Se necesita una profunda transformación para aprovechar su potencial y ayudar a alimentar y dar trabajo a un planeta más joven y más poblado

9 de octubre de 2017, Roma – Millones de jóvenes de los países en desarrollo, preparados para incorporarse al mercado laboral en las próximas décadas, no deberían tener que marcharse de las zonas rurales para escapar de la pobreza.

En realidad, las áreas rurales encierran un gran potencial de crecimiento económico vinculado a la producción alimentaria y a los sectores relacionados, según El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2017. Dado que la mayoría de las personas pobres y que pasan hambre vive en estas zonas, lograr la Agenda 2030 para el desarrollo dependerá de aprovechar este potencial que habitualmente se desdeña, añade el documento.

Para ello, será necesario superar una compleja combinación de baja productividad en la agricultura de subsistencia, limitaciones para la industrialización en muchos lugares, y rápido crecimiento demográfico y urbanización. Todos estos obstáculos suponen un desafío para la capacidad de los países en desarrollo para alimentar y dar trabajo a sus ciudadanos.

Resulta evidente que la transformación de las economías rurales puede tener consecuencias de gran envergadura. Estos cambios en las economías rurales ayudaron a cientos de millones de personas que viven en ellas a salir por sí mismos de la pobreza desde la década de 1990, señala el informe.

Sin embargo, los avances han sido desiguales, y el crecimiento demográfico está incrementando los desafíos.

Se prevé que, entre 2015 y 2030, el número de personas con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años aumente en unos 100 millones, hasta alcanzar los 1 300 millones. Casi todo este incremento tendrá lugar en África subsahariana, principalmente en zonas rurales.

Sin embargo, en muchos países en desarrollo -sobre todo en Asia meridional y África subsahariana-, el crecimiento de los sectores industriales y de servicios se ha quedado rezagado, y éstos serán incapaces de absorber a los numerosos nuevos demandantes de empleo que van a incorporarse al mercado laboral.

Tampoco lo hará la agricultura, tal y como la conocemos actualmente.

Por tanto, los habitantes de las zonas rurales que se trasladen a las ciudades correrán probablemente un mayor riesgo de sumarse a la población urbana pobre, en lugar de hallar un camino para salir de la pobreza. Otros tendrán que buscar empleo en otros lugares, generando migración estacional o permanente.

Por este motivo, el apoyo normativo y la inversión en zonas rurales para construir sistemas alimentarios pujantes y ayudar a las agroindustrias que están bien conectadas con las zonas urbanas -especialmente con las pequeñas y medianas ciudades-, creará empleo y permitirá que un mayor número de personas se quede y prospere en el medio rural. Según el informe presentado hoy, esta es una intervención estratégica.

Las economías rurales transformadas no serán necesariamente una panacea que solucione todas las causas que llevan a la gente a marcharse, pero generarán empleos muy necesarios y contribuirán a que la migración sea más bien una alternativa y no una necesidad.

“A menudo ignoradas por los responsables políticos y los encargados de la planificación, las redes territoriales de las pequeñas ciudades y pueblos son puntos de referencia importantes para la población rural –ya que es donde compran semillas, sus hijos van a la escuela y acceden a atención médica y otros servicios”, afirma el Director General de la FAO en el prólogo del informe.

“Instamos a los responsables políticos a reconocer el papel catalizador de las pequeñas ciudades y pueblos como mediadores entre el mundo rural y el urbano, y a proporcionar a los pequeños agricultores mayores oportunidades de comercializar sus productos y disfrutar los beneficios del crecimiento económico”, añade.

Cómo la demanda urbana de alimentos puede desencadenar la renovación rural

El estado mundial de la agricultura y la alimentación sostiene que las transformaciones necesarias en las economías rurales pueden promoverse aprovechando la creciente demanda de alimentos en las zonas urbanas para diversificar los sistemas alimentarios y generar nuevas oportunidades económicas en actividades no agrícolas relacionadas con la agricultura.

Aquí se incluyen a las empresas que procesan o refinan, empaquetan o transportan, almacenan, comercializan o venden alimentos, así como aquellas que suministran insumos productivos como semillas, herramientas y equipos, y fertilizantes, o proporcionan servicios de irrigación, labranza u otro tipo.

Actualmente, la demanda creciente de los mercados urbanos acapara hasta el 70 por ciento de los suministros nacionales de alimentos, incluso en países con una gran población rural, señala el informe.

No existen soluciones mágicas

Pero mientras que la urbanización supone una “oportunidad de oro” para la agricultura, también plantea desafíos para millones de pequeños agricultores familiares.

Los mercados más rentables pueden provocar la concentración de la producción alimentaria en grandes explotaciones agrícolas comerciales, el control de las cadenas de valor por parte de los grandes procesadores y minoristas, y la exclusión de los pequeños campesinos.

Por lo tanto, las políticas e inversiones públicas de apoyo serán fundamentales para aprovechar la demanda urbana como impulsora de un crecimiento transformador y equitativo, y las medidas diseñadas para garantizar la participación de los pequeños agricultores familiares en el mercado deben estar integradas en las políticas.

Agricultores familiares, infraestructura, pequeñas ciudades y pueblos

El estudio establece tres líneas de acción:

La primera consiste en poner en marcha un conjunto de políticas destinadas a garantizar que los pequeños productores puedan participar plenamente para satisfacer la demanda alimentaria urbana. Entre las opciones para ello, figuran las medidas para fortalecer los derechos de tenencia de la tierra, garantizar la equidad en los contratos de suministro, o mejorar el acceso al crédito.

La segunda supone crear la infraestructura necesaria para conectar las zonas rurales y los mercados urbanos. En muchos países en desarrollo la ausencia de caminos rurales, redes eléctricas, instalaciones de almacenamiento, y sistemas de transporte refrigerado suponen un grave obstáculo para los agricultores que desean aprovecharse de la demanda urbana de frutas frescas, hortalizas, carne y productos lácteos.

La tercera consiste en incluir no sólo a las megaciudades en las economías rurales-urbanas bien conectadas, sino también a zonas urbanas más pequeñas y dispersas.

De hecho, el informe hace hincapié en que los centros urbanos de menor tamaño representan un mercado de alimentos muy desatendido. La mitad de la población urbana de los países en desarrollo vive en ciudades y pueblos de menos de 500 000 habitantes.

Datos clave:

  • La transformación rural se ha venido produciendo desde la década de 1990; desde entonces, 750 millones de habitantes rurales más tienen actualmente ingresos por superiores a la línea de pobreza moderada de 3,10 dólares EEUU por persona y día
  • En 1960, el 22 por ciento de la población de los países en desarrollo (460 millones de personas) vivía en ciudades y pueblos. En 2015, este porcentaje alcanzó el 49 por ciento (3 000 millones de personas).
  • La población rural del mundo en desarrollo aumento en 1 500 millones de personas entre 1960 (1 600 millones de personas) y 2015 (3 100 millones de personas).
  • En Asia meridional y África subsahariana, una media de 1 y 2,2 millones de jóvenes, respectivamente, accedieron anualmente al mercado laboral entre 2010 y 2015.
  • Las grandes ciudades -de 5 a 10 millones de habitantes- y las megaciudades con más de 10 millones suponen el 20 por ciento de los habitantes urbanos del planeta.
  • En los países en desarrollo, la mayoría de las zonas urbanas son relativamente pequeñas: alrededor del 50 por ciento de la población urbana total -unos 1 450 millones de personas-, vive en ciudades y pueblos de 500 000 habitantes o menos.
  • Cerca de la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades con menos de 500 000 habitantes, o en las zonas rurales que las rodean.
  • A nivel mundial, las zonas urbanas más pequeñas suponen actualmente alrededor del 60 por ciento de la demanda urbana de alimentos.
  • En 2030, la población urbana de las regiones menos desarrolladas del mundo ascenderá a 4 000 millones de personas. El 80 por ciento de estos habitantes urbanos vivirá en África, Asia y América Latina.
  • En 2030 la mayoría de la población urbana mundial se concentrará en ciudades con una población que no superará el millón de habitantes; el 80 por ciento de estas personas vivirán en zonas urbanas con menos de 500 000 habitantes.
  • El valor de los mercados alimentarios urbanos en el África subsahariana probablemente se cuadruplicará entre 2010 y 2030, pasando de 313 000 millones de dólares EEUU a 1 billón.
  • En África oriental y meridional, la proporción de consumidores urbanos en el mercado alimentario asciende actualmente al 52 por ciento, y se prevé que alcance el 67 por ciento en 2040.

 

 

 

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Autor entrada: REDACCION

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