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Colombia: Protocolo contribuiría a optimizar producción de biocombustibles


Con el diseño de esta normativa, las empresas productoras de biodiésel y bioetanol podrán encontrar nuevas condiciones de operación para fabricar estos productos a partir de la fermentación de la melaza en menos pasos.


El etanol, alcohol carburante libre de agua que desde sus inicios se ha utilizado para la producción de bebidas alcohólicas, hoy se emplea especialmente para la comercialización de combustibles.

El auge y crecimiento acelerado de la industria de estos biocombustibles ha ido en detrimento de la seguridad alimentaria, ya que gran parte de su elaboración se realiza por la vía fermentativa, que utiliza materias primas azucaradas como el jugo de la caña, mieles y melazas.

Debido a esto, las empresas están en la búsqueda continua de nuevos materiales, condiciones de operación y aumento en los rendimientos del proceso que reviertan este efecto.

En ese sentido, el grupo de Procesos Químicos, Catalíticos y Biotecnológicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales trabaja hoy en la creación de un protocolo que propone nuevas condiciones operativas para fabricar estos productos.

Para eso, los investigadores de la Institución evalúan entre un ramillete de microorganismos cuál se comporta mejor en distintas condiciones y cuál entrega mejores rendimientos.

“Después de elegir los dos tipos de levadura con los que se iba a trabajar, se decidió estudiarlos por medio de la fermentación de la melaza, y luego se eligieron las condiciones en las que iban a ser evaluados, que en este caso son la temperatura de la fermentación, el pH (acidez) y el grado de dilución de la melaza”, comentó Juan Pablo Mariscal Moreno, magíster de Ingeniería Química de la UNAL Sede Manizales.

En cada fermentación se realizó un seguimiento a la ingesta de azúcar del microorganismo, su crecimiento y la producción de etanol alcanzada, generando las condiciones adecuadas de operación para que los resultados arrojados se puedan comparar con las levaduras.

“Nosotros partimos de las condiciones normales con las que trabajan las industrias, que son la temperatura, el pH y la dilución, y tratamos de alejarnos hacia arriba y hacia abajo para ver qué tanto podemos mejorar la productividad de los microorganismos”, explicó el magíster.

En estas condiciones, los beneficios arrojados por este procedimiento se evidencian en que la producción de etanol en condiciones diferentes a las tradicionales es mayor, y la guía elaborada permitirá que en cualquier momento las empresas que lo necesiten puedan cambiar el proceso de elaboración del etanol sin inconvenientes, siempre y cuando su viabilidad económica lo permita.

Así mismo se ha logrado que los microorganismos fermenten a condiciones no tradicionales como una temperatura de 50 ºC y con concentraciones elevadas de oxígeno.

Estas características son interesantes para la industria, ya que podrían reducir los costos de operación. “Cuando se empiecen a aplicar normas ambientales más estrictas, las empresas deberán modificar sus procesos y evaluar otras alternativas, y es ahí donde esperamos estar nosotros para colaborar con nuestra guía genérica”, puntualizó el magíster.


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