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Descontaminación biológica exitosa de un acuífero


Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), junto con LITOCLEAN y la Universidad de Barcelona (UB), han logrado la descontaminación biológica de un acuífero que contiene una alta concentración del compuesto organoclorado percloroetileno.


por la Universidad Autónoma de Barcelona


Los compuestos organoclorados, que son principalmente tóxicos, se usan como solventes y desengrasantes, y según la Agencia de Residuos de Cataluña (ARC), representan casi el 9 por ciento de los contaminantes encontrados en suelos contaminados en Cataluña.

La descontaminación se realizó a través de la bioestimulación de bacterias que respiran organohaluros encontradas en el acuífero utilizando lactato. Estas bacterias son capaces de «respirar» los compuestos organoclorados y transformarlos en el compuesto no tóxico eteno.

Los resultados de este estudio, publicado en Water Research , son el resultado de una metodología multidisciplinaria pionera que permite especificar en cada caso la estrategia más adecuada para desintoxicar los acuíferos biológicamente contaminados con organoclorinas.

La metodología utiliza diferentes técnicas, incluida la identificación de las enzimas involucradas en la degradación de los contaminantes, las vías de degradación, los cambios en la composición isotópica de los organoclorados, así como las características hidrogeológicas del acuífero. Estos datos en su conjunto proporcionan información para decidir qué estrategia de biorremediación es más eficiente: bioestimulación (agregando nutrientes a las bacterias autóctonas declorantes) o bioaugmentación (agregando microorganismos exógenos con capacidad de decloración).

En el estudio publicado, los investigadores primero aplicaron esta metodología en el laboratorio y observaron que agregar un nutriente como el lactato aumentaba la actividad de «limpieza» de las bacterias autóctonas, proporcionando más energía y condiciones más óptimas para su crecimiento. Luego, los investigadores realizaron una prueba piloto exitosa en uno de los pozos del acuífero, en la cual doscientos días después de la bioestimulación, la mayor parte del compuesto se transformó en eteno no tóxico. Más tarde, los investigadores procedieron a implementar el tratamiento en toda el área contaminada. Después de un año, los análisis de monitoreo revelaron la transformación del percloroetileno en eteno en la mayoría de los pozos del acuífero, y actualmente cumplen los parámetros establecidos por la Agencia Catalana del Agua.

Tratamientos de acuíferos

Un buen estado químico de los acuíferos es una prioridad, dado que constituyen la principal fuente de agua potable para casi el 75 por ciento de los habitantes de Europa. Su importancia se vuelve aún más relevante dentro del contexto actual del cambio climático, ya que el aumento en la frecuencia de eventos extremos como sequías e inundaciones hará que las fuentes de agua superficial sean menos confiables y aumente la demanda de agua subterránea.

«Para descontaminar los acuíferos, la mayoría de las empresas y consultoras españolas optan por utilizar tratamientos fisicoquímicos, que han demostrado ser efectivos en el tratamiento de la fuente de contaminación, pero actualmente se consideran insuficientes para las concentraciones establecidas por las autoridades competentes». explica Ernest Marco, investigador del Departamento de Ingeniería Química, Biológica y Ambiental de la UAB y director de esta línea de investigación en el Grupo de Biodegradación de Contaminantes Industriales y Valorización de Residuos (BioremUAB). Agrega: «Representa un cambio de paradigma con respecto a los tratamientos actuales y esperamos que esto sirva para no considerarlo más una técnica ‘inmadura’ y trabajar para su uso».

«Nuestro estudio da consistencia a la aplicación de tratamientos biológicos para alcanzar nuestros objetivos establecidos. Estos son eficientes y económicos, y actualmente hay una amplia gama de técnicas para llevar a cabo un diagnóstico y monitoreo adecuados sin costos adicionales notables», destaca Monica Rosell, investigadora en el grupo de investigación MAiMA de la Facultad de Ciencias de la Tierra y en el Instituto de Investigación del Agua (IdRA) de la UB.

«Una de las partes más positivas de este proyecto es que nos ha permitido trabajar en condiciones reales y aplicar nuestras conclusiones de laboratorio a un caso existente en el campo», dijo Ph.D. dice la estudiante Natàlia Blázquez Pallí.


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