La planta binacional instalada en Chiapas ampliará progresivamente su capacidad durante 2026 para contener la plaga, proteger la ganadería y recuperar la confianza sanitaria de Estados Unidos.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
México prepara una operación de control biológico a escala industrial para detener la expansión del gusano barrenador del ganado. El país proyecta producir 100 millones de moscas estériles cada semana mediante una planta construida en Metapa de Domínguez, en el estado de Chiapas.
La instalación binacional recibió el pie de cría necesario para iniciar su colonia de insectos y comenzó operaciones el 28 de junio de 2026. El proyecto representa una de las principales apuestas de México para contener una plaga que llevó a Estados Unidos a restringir la importación de ganado mexicano.
La iniciativa combina reproducción masiva, irradiación controlada, logística aérea y vigilancia sanitaria. Este tipo de integración tecnológica amplía las herramientas disponibles para el control de plagas, junto con desarrollos como la inteligencia artificial aplicada a la predicción de brotes en sistemas agrícolas.
Una planta de 57 millones de dólares en Chiapas
La nueva instalación fue levantada con una inversión de 57 millones de dólares. Su coordinador, Humberto Gómez Velásquez, explicó que la meta de producción semanal busca aportar garantías sanitarias suficientes para avanzar hacia la reapertura de la frontera estadounidense al ganado procedente de México.
La producción se desarrollará por etapas. Para mediados de julio, la planta prevé obtener sus primeras 28 millones de moscas estériles por semana. La capacidad aumentará gradualmente hasta llegar a 100 millones de ejemplares cada siete días hacia finales de 2026.
Ese volumen se sumará a otros 100 millones de moscas producidas semanalmente en la planta de Pacora, Panamá. Ambas instalaciones formarán parte de una cadena regional destinada a reducir la población del insecto desde Centroamérica hasta el norte de México y el sur de Estados Unidos.
México también planea enviar diariamente 1,5 millones de moscas a un centro de empaque localizado en Tampico o en Texas. Desde allí, los insectos serán preparados para su liberación aérea en las zonas definidas por las autoridades sanitarias.
La Técnica del Insecto Estéril interrumpe la reproducción
La estrategia se basa en la Técnica del Insecto Estéril, un método de control biológico utilizado durante décadas. El procedimiento consiste en criar grandes cantidades de moscas, esterilizarlas mediante dosis controladas de radiación y liberarlas en territorios donde existe una población silvestre del insecto.
Los ejemplares irradiados conservan su capacidad para volar, competir y aparearse, pero no pueden producir descendencia viable. Cuando las hembras silvestres se reproducen con machos estériles, los huevos resultantes no se desarrollan y la población de la plaga comienza a disminuir.
La biología de Cochliomyia hominivorax, la mosca responsable del gusano barrenador, favorece la efectividad del método. La hembra se aparea una sola vez durante su vida, por lo que un encuentro con un macho estéril puede impedir toda su descendencia.
La proporción operativa prevista consiste en liberar alrededor de diez machos estériles por cada insecto silvestre. Cada apareamiento improductivo puede evitar el nacimiento de entre 200 y 600 larvas, lo que genera un efecto acumulativo cuando se dispersan millones de ejemplares semanalmente.
Un control sin aplicaciones masivas de pesticidas
La Técnica del Insecto Estéril actúa de manera específica sobre la reproducción del organismo objetivo. A diferencia de los tratamientos químicos generalizados, no requiere dispersar pesticidas sobre grandes extensiones para reducir la población del parásito.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura respalda esta tecnología por su efectividad y por su menor impacto sobre otros organismos. México y Estados Unidos ya utilizaron el método durante campañas anteriores que permitieron erradicar la plaga del territorio mexicano en 1991 y desplazarla hacia el sur del continente.
El sistema forma parte de una nueva generación de tecnologías de intervención selectiva. Otros proyectos buscan reducir aplicaciones indiscriminadas mediante equipos capaces de detectar y tratar plagas en tiempo real, aunque la liberación de insectos estériles opera a una escala territorial mucho mayor.
México desarrolla una cepa propia
Científicos e ingenieros de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural trabajan paralelamente en una nueva cepa de mosca desarrollada íntegramente en México. El objetivo es fortalecer la autonomía tecnológica del programa y acelerar la producción necesaria para la campaña de erradicación.
José Luis Quintero, coordinador operativo del proyecto, destacó que los procesos observados en la planta están siendo ejecutados por personal, investigadores y especialistas mexicanos. La infraestructura permitirá concentrar en el país varias etapas de cría, esterilización y preparación biológica.
La capacidad de producir insectos de manera continua será determinante porque el control no depende de una única liberación. La población estéril debe mantenerse muy por encima de la población silvestre durante varias generaciones para interrumpir progresivamente el ciclo reproductivo.
Un barrido coordinado desde Estados Unidos hasta México
Humberto Gómez Velásquez sostuvo que la erradicación debe abordarse regionalmente y no mediante intervenciones aisladas. El planteamiento consiste en realizar un barrido territorial mediante la dispersión de moscas estériles desde el sur de Estados Unidos y el norte de México hacia las zonas afectadas.
México, Panamá y Estados Unidos operan así una cadena conjunta de contención. La planta de Chiapas complementará la producción de Pacora y acercará el suministro de insectos estériles a las áreas mexicanas donde se concentra la plaga.
Desde el inicio de la emergencia sanitaria, las autoridades mexicanas han inspeccionado 5,3 millones de cabezas de ganado, verificado más de 84.000 cargamentos y liberado cerca de 7.000 millones de moscas estériles.
La combinación de producción biológica, inspecciones pecuarias, control del movimiento animal y liberaciones aéreas refleja una estrategia de sanidad ganadera basada en múltiples herramientas. En otros ámbitos pecuarios también se investigan soluciones tecnológicas, como los sistemas desarrollados para operar directamente en establos, que muestran la creciente integración de innovación e infraestructura en las explotaciones.
Una larva que consume tejido vivo
El gusano barrenador es la fase larvaria de una mosca cuyas crías se alimentan del tejido vivo de animales de sangre caliente. Las hembras depositan sus huevos en heridas abiertas y, después de la eclosión, las larvas penetran en la carne, amplían la lesión y pueden provocar infecciones graves o la muerte del animal.
La plaga afecta principalmente al ganado, pero también puede infestar fauna silvestre, animales domésticos y seres humanos. Su presencia representa un riesgo sanitario directo y puede generar pérdidas económicas por mortalidad, tratamientos veterinarios, restricciones al movimiento de animales y cierres comerciales.
El parásito reapareció en México a finales de 2024, más de tres décadas después de haber sido erradicado. Su avance llevó a Washington a establecer restricciones sobre la entrada de ganado mexicano y aumentó la presión sobre el comercio pecuario entre ambos países.
La infestación se ha extendido a 28 estados mexicanos, con un acumulado de 32.290 casos. Las autoridades sanitarias estadounidenses también confirmaron su llegada a Texas y Nuevo México.
La reapertura fronteriza depende del control sanitario
La planta de Chiapas se convierte en una pieza central para reducir la población del insecto y demostrar que México dispone de capacidad industrial para enfrentar la emergencia. El incremento hasta 100 millones de moscas semanales deberá sostener una campaña prolongada y coordinada con los países vecinos.
La recuperación del comercio ganadero dependerá de la evolución de los casos, la eficacia de las liberaciones, la vigilancia de los cargamentos y las evaluaciones realizadas por las autoridades sanitarias de México y Estados Unidos.
El primer objetivo operativo será elevar la producción desde 28 millones de ejemplares semanales a mediados de julio hasta la capacidad total prevista para finales de 2026. Ese aumento definirá la velocidad con la que podrá ampliarse el barrido biológico sobre los territorios afectados.
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