Una revisión de la Universidad de Aberystwyth destaca el valor de poblaciones Ayrshire, Jersey y Hereford ante enfermedades, estrés ambiental y cambios productivos
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de la Universidad de Aberystwyth, en Gales, advirtieron que décadas de selección dirigida y producción ganadera intensiva han transformado la genética del ganado bovino, en algunos casos a costa de la diversidad conservada en rebaños tradicionales. El análisis plantea que estas poblaciones constituyen una reserva relevante para la adaptación y la sostenibilidad del sector.
El trabajo, publicado en la revista Applied Animal Science, revisó las diferencias entre poblaciones tradicionales y modernas de las razas Ayrshire, Jersey y Hereford. Sus autores sostienen que ciertos rebaños históricos mantienen perfiles genéticos distintivos, relacionados potencialmente con la resistencia a enfermedades, la fertilidad y la capacidad de desenvolverse en ambientes difíciles.
La productividad también estrechó la base genética
La selección genética moderna permitió aumentar la producción de leche y carne, mejorar la eficiencia alimentaria y uniformar características de interés comercial. Sin embargo, la concentración de la reproducción en un número limitado de líneas puede reducir la variabilidad disponible dentro de una raza.
Según el estudio, esa reducción podría limitar la capacidad de respuesta de los rebaños frente a enfermedades emergentes, variaciones climáticas, estrés ambiental o nuevas exigencias del mercado. No significa que los sistemas modernos carezcan de diversidad, sino que algunas variantes poco valoradas por los objetivos productivos dominantes pueden haberse vuelto menos frecuentes.
El resultado coincide con investigaciones que muestran que la selección genómica afecta de forma diferente la diversidad de cada raza bovina. Por ello, los científicos consideran necesario evaluar cada población por separado y evitar decisiones de mejoramiento basadas únicamente en promedios generales.
Ayrshire, Jersey y Hereford como reservas biológicas
Los rebaños tradicionales analizados suelen ser más pequeños, estar vinculados a territorios específicos y haber permanecido bajo sistemas menos intensivos. Estas condiciones contribuyeron a conservar combinaciones genéticas que no siempre están presentes con la misma frecuencia en las poblaciones comerciales contemporáneas.
La investigadora Kardelen Oya Temiz describió estas poblaciones como archivos vivos de información genética. Su conservación no responde solamente a razones históricas o culturales: también puede aportar recursos para programas de reproducción que busquen animales más resistentes y adaptables.
El investigador Matt Hegarty señaló que las mejoras alcanzadas por la agricultura moderna en eficiencia y producción han estado acompañadas por un estrechamiento de la base genética. Esa menor amplitud podría aumentar la vulnerabilidad ante presiones sanitarias y ambientales si los sistemas ganaderos dependen de un conjunto reducido de linajes.
La genómica puede orientar planes de conservación
Los autores recomiendan ampliar los estudios genómicos en regiones donde todavía existen poblaciones ancestrales o poco modificadas. Identificar sus variantes permitiría establecer prioridades de conservación, diseñar apareamientos que reduzcan la consanguinidad y valorar características que antes quedaban fuera de los programas comerciales.
La conservación puede apoyarse en rebaños vivos, bancos de semen y embriones, registros genealógicos y secuenciación genómica. Estas herramientas no obligan a abandonar el mejoramiento productivo, pero permiten incorporar la diversidad genética como un objetivo medible dentro de las estrategias de cría.
En ese debate también aparecen tecnologías experimentales como la edición genómica aplicada a razas ganaderas tradicionales. No obstante, el estudio de Aberystwyth se centra en localizar y proteger la variabilidad que todavía existe, antes de que desaparezca de las poblaciones bovinas.
Una reserva para responder a nuevas presiones
La utilidad concreta de cada variante deberá comprobarse mediante investigaciones adicionales. La presencia de una diferencia genética no demuestra por sí sola que produzca resistencia, fertilidad o adaptación; esas asociaciones requieren validación con datos sanitarios, reproductivos y ambientales.
Para los programas de cría, el desafío consiste en equilibrar rendimiento y diversidad. Conservar poblaciones tradicionales puede ampliar las opciones disponibles si cambian el clima, las enfermedades, los costos de producción o las preferencias del mercado, además de proteger un patrimonio biológico formado durante generaciones.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Aberystwyth
Applied Animal Science

