El Hospital de Pequeños Animales de la Universidad de Glasgow utiliza dosis controladas de veneno para reducir el riesgo de nuevas reacciones alérgicas graves
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El Hospital de Pequeños Animales de la Universidad de Glasgow se convirtió en el primer centro del Reino Unido en aplicar inmunoterapia con veneno de himenópteros a perros que han sufrido reacciones alérgicas graves por picaduras de abejas o avispas. El procedimiento ya fue utilizado satisfactoriamente en varios pacientes y busca prevenir nuevos episodios de anafilaxia.
La terapia, conocida como VIT por sus siglas en inglés, representa una aplicación innovadora de la inmunología en la medicina veterinaria. Aunque su utilización en perros todavía es relativamente reciente, la experiencia clínica disponible indica que puede proporcionar protección frente a exposiciones posteriores cuando se administra bajo supervisión especializada.
Una reacción grave puede repetirse tras otra picadura
La alergia al veneno de insectos constituye una de las afecciones alérgicas agudas más peligrosas para los perros. Los síntomas pueden presentarse pocos minutos después de la picadura e incluir urticaria, vómitos, dificultad respiratoria y colapso. En una pequeña proporción de los casos, la reacción puede provocar la muerte.
La Universidad de Glasgow informó que casi dos tercios de los perros que experimentan una reacción grave a la picadura de una abeja o avispa vuelven a presentar síntomas iguales o más intensos tras una nueva exposición. Este riesgo convierte la prevención de episodios recurrentes en una prioridad para los animales con antecedentes de anafilaxia.
La inmunoterapia no sustituye la atención veterinaria de urgencia cuando se produce una reacción aguda. Su propósito es modificar progresivamente la respuesta inmunitaria del animal para disminuir la probabilidad de una crisis grave ante futuras picaduras.
Dosis controladas entrenan al sistema inmunitario
El tratamiento consiste en administrar cantidades controladas y crecientes del veneno específico al que el perro es alérgico. La exposición gradual busca que el sistema inmunitario desarrolle tolerancia y deje de responder de manera desproporcionada cuando el animal vuelva a entrar en contacto con una abeja o una avispa.
El proceso comienza con una fase diagnóstica que incluye pruebas de alergia para identificar el veneno responsable. Después se inicia un período de inducción estrechamente vigilado, seguido por una terapia de mantenimiento que puede prolongarse durante varios años.
La aplicación debe realizarse en un centro con personal capacitado y recursos para controlar posibles efectos adversos. El Hospital de Pequeños Animales de Glasgow es uno de los pocos establecimientos especializados del mundo que ofrece este tratamiento modificador de la enfermedad a pacientes caninos.
Ana Rostaher dirige el tratamiento veterinario
El programa está encabezado por la profesora Ana Rostaher, especialista en inmunoterapia veterinaria con venenos. La clínica señala que las investigaciones y la experiencia acumulada muestran resultados alentadores, con niveles elevados de protección frente a reacciones graves recurrentes y un perfil de seguridad favorable cuando el procedimiento se realiza bajo vigilancia especializada.
Uno de los casos que impulsó la aplicación de la terapia fue el de Amber, una perra de raza vizsla que sufrió una reacción alérgica grave tras la picadura de una abeja en julio de 2021. El episodio requirió atención de emergencia y generó preocupación en sus propietarios ante la posibilidad de una nueva exposición durante paseos y actividades al aire libre.
Amber se convirtió posteriormente en la primera paciente del Reino Unido en recibir esta inmunoterapia en la Universidad de Glasgow. Su caso ilustra el tipo de animal al que está dirigida la intervención: perros con antecedentes documentados de reacciones sistémicas graves y un riesgo considerable de sufrir otro episodio.
Innovación veterinaria con antecedentes en medicina humana
La inmunoterapia con veneno de himenópteros fue desarrollada inicialmente para pacientes humanos. Su adaptación a la medicina veterinaria muestra cómo una tecnología clínica consolidada en una disciplina puede trasladarse al cuidado animal después de evaluar sus dosis, seguridad y respuesta inmunológica.
Los especialistas subrayan que el tratamiento aún es relativamente nuevo en perros y requiere una selección cuidadosa de los candidatos. El diagnóstico del veterinario, las pruebas específicas y el seguimiento prolongado son necesarios para determinar el protocolo correspondiente a cada paciente.
La experiencia de Glasgow abre una alternativa preventiva para familias cuyos perros han sobrevivido a una reacción grave. También aporta información clínica para definir con mayor precisión la duración del tratamiento, sus niveles de protección y los criterios que permitirán extenderlo a otros centros veterinarios.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Glasgow

