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Biotecnología agrícola

Malasia evalúa ensayo de arroz transgénico entre objeciones

Publicado el 12/08/2026
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Una coalición de 61 organizaciones pide rechazar la prueba confinada de una variedad MR219 tolerante al glifosato y resistente a enfermedades


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

La Junta Nacional de Bioseguridad de Malasia evalúa una solicitud presentada por Zen Cropscience para realizar en el estado de Perak un ensayo confinado con arroz MR219 modificado genéticamente, mientras agricultores, consumidores y organizaciones ambientales reclaman que el proyecto sea rechazado.

La variedad experimental fue desarrollada para tolerar el herbicida glifosato y resistir enfermedades provocadas por bacterias y hongos. La solicitud no contempla por ahora la producción comercial del arroz, sino una prueba destinada a estudiar su comportamiento bajo condiciones controladas.

Una coalición integrada por 61 organizaciones formalizó su oposición el 7 de agosto de 2026 mediante el proceso de consulta pública. Sus representantes sostienen que el ensayo podría generar riesgos ambientales, alimentarios y económicos que no estarían suficientemente cubiertos por la legislación malasia.

La prueba se realizaría en una instalación protegida

El lugar propuesto se encuentra en Kampung Kepayang, en el norte de Perak. La Junta Nacional de Bioseguridad indicó que el cultivo experimental se mantendría dentro de una estructura confinada con malla contra insectos, situada sobre suelo industrial y alejada de zonas agrícolas.

Según el organismo, estas condiciones reducirían el riesgo de que el polen alcance arrozales convencionales. La instalación protegida también permitiría controlar la entrada de insectos, vigilar las plantas y manejar el material vegetal después del ensayo.

Los opositores argumentan que el confinamiento no elimina completamente la posibilidad de que semillas, polen u otros materiales salgan de la instalación mediante errores de manipulación, fenómenos meteorológicos, agua, animales, equipos o transporte.

La diferencia entre una prueba confinada y una autorización comercial es central. Una evaluación experimental busca generar datos sobre comportamiento, estabilidad y posibles efectos, pero no concede automáticamente permiso para vender semillas o cultivar la variedad a gran escala.

El arroz MR219 incorpora tres características agrícolas

La modificación reúne tolerancia al glifosato y resistencia frente a enfermedades bacterianas y fúngicas. La primera característica permitiría aplicar el herbicida para controlar malezas sin destruir las plantas de arroz, mientras las otras buscan reducir daños ocasionados por determinados patógenos.

MR219 es una variedad conocida dentro de la producción arrocera malasia. La incorporación de nuevos genes pretende añadir características que faciliten el manejo de malezas y enfermedades, dos factores capaces de disminuir el rendimiento y elevar los costos agrícolas.

El desarrollo se relaciona con una línea más amplia de biotecnología destinada a fortalecer cultivos básicos. Otras investigaciones han identificado, por ejemplo, un gen del arroz que mejora la tolerancia a la sequía y eleva el rendimiento, aunque esos trabajos responden a objetivos y métodos diferentes.

También existen estrategias de edición genética orientadas a modificar la calidad del grano, como la reducción de cadmio mediante cambios dirigidos en el arroz. Estos ejemplos muestran que cada innovación necesita evaluarse según la técnica empleada, el rasgo incorporado y su contexto agronómico.

Las organizaciones temen contaminación genética

La principal objeción de la coalición es que el material modificado pueda alcanzar variedades convencionales o poblaciones de arroz silvestre. Los grupos mencionan como posibles vías la polinización cruzada y el desplazamiento accidental de semillas.

La probabilidad real depende de la biología reproductiva del arroz, la distancia respecto de otros cultivos, las barreras físicas, la duración del ensayo, la gestión de residuos y los protocolos utilizados antes y después de la prueba.

La Junta Nacional de Bioseguridad considera bajo el riesgo de polinización cruzada debido a la estructura protegida y a su ubicación lejos de áreas productivas. La coalición responde que una probabilidad baja no equivale a una contención absoluta.

Los grupos también cuestionan si la Ley de Bioseguridad de 2007 ofrece mecanismos suficientes de responsabilidad y compensación. Su preocupación es quién asumiría las pérdidas si material transgénico apareciera accidentalmente en semillas o cultivos de agricultores no participantes.

Este tipo de discusión se extiende más allá de Malasia. Los cambios en las regulaciones para el ingreso de cultivos transgénicos en Centroamérica también han generado reclamos sobre controles, trazabilidad y participación de los productores.

El glifosato concentra parte del debate

Los agricultores opositores temen que la adopción de un arroz tolerante al glifosato estimule un uso más frecuente del herbicida. Una aplicación repetida sobre las mismas poblaciones de malezas puede favorecer la selección de individuos resistentes y reducir gradualmente la eficacia del tratamiento.

Abdul Rashid Yob, dirigente de una asociación que representa a 200.000 agricultores, citó la experiencia con el arroz Clearfield, tolerante a herbicidas pero obtenido mediante métodos distintos a la transgenia. Según su relato, inicialmente mejoró el control, pero posteriormente aparecieron malezas difíciles de manejar y aumentaron las aplicaciones y los costos.

Esa experiencia no demuestra por sí sola que el arroz MR219 modificado vaya a producir el mismo resultado. Sí señala la importancia de evaluar programas de manejo que alternen herramientas y eviten depender de un único herbicida durante ciclos consecutivos.

La coalición también expresó inquietud por posibles residuos en el grano cosechado. Debido a que el proyecto corresponde a una prueba y no a una autorización alimentaria, cualquier consideración sobre consumo requeriría datos específicos de residuos, exposición y toxicología antes de una eventual comercialización.

Las evaluaciones sobre el glifosato no coinciden completamente

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó en 2015 al glifosato como “probablemente carcinógeno para los seres humanos”. Esa clasificación examina la capacidad de un agente para causar cáncer bajo determinadas circunstancias, pero no determina por sí sola el riesgo derivado de cada nivel real de exposición.

Otros organismos han llegado a conclusiones regulatorias diferentes. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos considera que el glifosato no es probablemente carcinógeno para los seres humanos cuando se utiliza conforme a las condiciones evaluadas.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria informó en 2023 que su revisión no identificó áreas críticas de preocupación que impidieran continuar la evaluación regulatoria. Estas diferencias responden, entre otros factores, a metodologías distintas para estudiar peligro y riesgo.

Para la decisión sobre el arroz malasio no basta con trasladar una clasificación general. Deben analizarse la forma de aplicación propuesta, los residuos esperados, las medidas de protección, el destino del material experimental y la exposición de trabajadores y ambiente.

Los datos toxicológicos forman parte de las dudas pendientes

La Junta Nacional de Bioseguridad reconoció que todavía no se había determinado la información toxicológica del arroz modificado. La coalición utiliza esa ausencia como argumento para pedir que la prueba no sea autorizada.

En cambio, una evaluación por etapas puede considerar que parte de los datos se obtiene precisamente durante el desarrollo experimental, siempre que el material no ingrese en la cadena alimentaria y se apliquen protocolos de contención.

La decisión regulatoria deberá precisar qué evidencia se exige antes de plantar, qué análisis pueden realizarse durante el ensayo y cómo será destruido o almacenado el material al terminar la prueba.

También deberá examinarse la caracterización molecular de los genes incorporados, la estabilidad de los rasgos, posibles cambios no previstos y la expresión de las proteínas introducidas. La resistencia a enfermedades no permite concluir automáticamente que el alimento sea seguro o inseguro.

El antecedente de 2019 reaparece en la discusión

El proyecto guarda similitud con una solicitud presentada en 2019 para probar arroz MR219 modificado en el estado de Perlis. Aquella propuesta, impulsada por el Instituto Malasio de Investigación y Desarrollo Agrícola, no avanzó hasta la ejecución del ensayo.

La solicitud de 2019 también se refería a resistencia contra la bacteria Xanthomonas oryzae, hongos del género Pyricularia y tolerancia al glifosato. Varias de las organizaciones que objetaron aquella iniciativa consideran que sus preguntas no fueron resueltas.

Zen Cropscience figura actualmente entre las instituciones y empresas registradas con comités de bioseguridad en Malasia. Sin embargo, esa inscripción no equivale a una aprobación automática del ensayo, que necesita una decisión específica de la Junta Nacional de Bioseguridad.

Las normas malasias consideran los experimentos de campo con organismos vivos modificados como actividades de liberación deliberada al ambiente. Por ello requieren un certificado previo y una evaluación de riesgos, incluso cuando se realizan con barreras de confinamiento.

Malasia necesita aumentar su producción nacional de arroz

La discusión ocurre en un país donde la producción interna cubre aproximadamente la mitad del consumo nacional, según los datos oficiales citados en la información sobre el proyecto. El resto debe abastecerse mediante importaciones.

Esta dependencia intensifica la búsqueda de variedades con mayor rendimiento, resistencia a enfermedades y capacidad para soportar condiciones ambientales adversas. También aumenta la sensibilidad política y social ante cualquier innovación aplicada a un alimento básico.

La biotecnología ofrece diferentes vías para modificar rasgos agrícolas. Un ejemplo es la identificación de un módulo genético que ayuda al arroz a recuperarse del frío y utilizar mejor el nitrógeno. Sin embargo, el potencial productivo no exime a las tecnologías de una evaluación ambiental y alimentaria proporcional a cada caso.

El debate tampoco se limita a una elección entre aceptar o rechazar toda modificación genética. Incluye preguntas sobre propiedad de las semillas, costos de producción, acceso de los agricultores, resistencia de malezas, protección de variedades locales y responsabilidad por efectos no previstos.

Los opositores proponen control robótico de malezas

La coalición señaló que existen alternativas para manejar malezas y enfermedades sin introducir arroz transgénico. Entre ellas mencionó tecnologías robóticas desarrolladas en Japón para remover vegetación competidora dentro de los arrozales.

La automatización puede reducir el trabajo manual y el uso de herbicidas, pero su viabilidad depende del precio, mantenimiento, escala de las fincas, condiciones del terreno y acceso de los pequeños productores.

El control robótico tampoco sustituye por sí solo el manejo de enfermedades bacterianas o fúngicas. Para esos problemas pueden combinarse variedades resistentes obtenidas mediante diferentes métodos, semillas sanas, vigilancia fitosanitaria, manejo del agua y prácticas agronómicas.

La comparación regulatoria debe considerar resultados medibles: eficacia, costos, riesgos, posibilidad de adopción y efectos sobre el sistema productivo. La existencia de una alternativa tecnológica no demuestra automáticamente que sea suficiente para todos los agricultores.

La decisión final todavía no tiene fecha

El periodo de consulta pública concluyó antes de que las 61 organizaciones anunciaran su objeción. La Junta Nacional de Bioseguridad deberá estudiar la solicitud, las medidas de confinamiento, la evidencia presentada por la empresa y las observaciones recibidas.

La autoridad puede aprobar el ensayo con condiciones, solicitar información adicional o rechazarlo. Hasta el momento no se comunicó cuándo adoptará una resolución definitiva.

El caso refleja el debate internacional sobre cómo regular la innovación vegetal. La revisión europea de las normas para cultivos editados con CRISPR muestra que los gobiernos están diferenciando técnicas y niveles de riesgo, aunque mantienen controles más estrictos para los organismos transgénicos.

Para Malasia, la decisión inmediata no determinará todavía si el arroz llegará a los productores o consumidores. Resolverá si puede realizarse una prueba confinada y bajo qué condiciones deberán generarse los datos necesarios para evaluar sus características.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Departamento de Bioseguridad de Malasia