El parque fotovoltaico de Qinghai modificó el microclima de una zona desertificada y ahora integra más de 20.000 ovejas para controlar la vegetación
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
El parque fotovoltaico de Talatan, instalado en una zona árida y desertificada de la provincia china de Qinghai, se ha convertido en un modelo de integración entre energía solar, recuperación vegetal y ganadería ovina. Más de una década después del inicio de su construcción, la vegetación creció bajo los paneles hasta requerir un sistema de pastoreo que actualmente moviliza más de 20.000 ovejas.
Las estructuras solares disminuyen la radiación que alcanza directamente el suelo, frenan el viento y reducen la pérdida de humedad por evaporación. Estas modificaciones, combinadas con el agua de lluvia, el escurrimiento procedente de la limpieza de los módulos y medidas activas de conservación, generaron mejores condiciones para el establecimiento de hierbas.
El resultado no debe interpretarse como una transformación espontánea causada únicamente por colocar paneles en el desierto. La recuperación observada también depende del manejo del suelo y del agua, de la regulación del pastoreo y de intervenciones realizadas por las autoridades y empresas responsables del complejo.
Un parque solar sobre una zona afectada por la erosión
Talatan se encuentra en el condado de Gonghe, dentro de la prefectura autónoma tibetana de Hainan, a una altitud media cercana a los 2.910 metros. La región forma parte de una zona de transición entre desierto alpino árido y pastizal semiárido, con precipitaciones escasas, evaporación elevada y distribución irregular de las lluvias.
Antes de la expansión fotovoltaica, el área era una de las zonas más afectadas por la erosión eólica en la cuenca alta del río Amarillo. Durante más de dos meses al año podía experimentar vientos intensos, mientras la arena y la grava avanzaban sobre terrenos donde sobrevivía una cobertura vegetal dispersa.
La construcción del parque comenzó en 2012. Las instalaciones fotovoltaicas se extienden actualmente por alrededor de 600 kilómetros cuadrados, según datos difundidos en China, aunque las cifras pueden variar al incluir diferentes fases, operadores y áreas planificadas dentro del conjunto energético de Talatan.
El complejo aprovecha entre 2.300 y 3.500 horas anuales de sol, además de una elevada radiación solar y grandes superficies con baja densidad de población. Estas condiciones favorecen la generación eléctrica, pero también obligan a diseñar las instalaciones para resistir viento, polvo, frío de montaña y fuertes variaciones térmicas.
La sombra alteró el balance de agua y temperatura
Los paneles interceptan una parte de la radiación y crean zonas de sombra que modifican la temperatura del terreno. Al mismo tiempo, las filas de estructuras actúan como barreras que reducen la velocidad del viento cerca de la superficie.
Las autoridades locales estiman que la infraestructura fotovoltaica redujo aproximadamente a la mitad la velocidad del viento superficial y disminuyó la evaporación en torno a un 30 %. Estas cifras proceden de fuentes institucionales de la región y deben diferenciarse de las mediciones específicas realizadas por los investigadores.
Un estudio publicado en Scientific Reports en septiembre de 2024 examinó el parque fotovoltaico de Gonghe mediante estaciones meteorológicas, análisis de suelo y estudios de vegetación. Los científicos compararon el área operativa cubierta por paneles, una zona de transición y terrenos exteriores utilizados como referencia.
La evaluación integró 57 indicadores relacionados con clima, suelo, vegetación, microorganismos y factores socioeconómicos. El área fotovoltaica obtuvo un índice ecológico y ambiental de 0,4393, clasificado como “general”, frente a 0,2858 en la zona de transición y 0,2802 fuera del parque, ambas consideradas en condición “pobre”.
Los resultados indican que dentro de la instalación existían mejores condiciones de humedad, diversidad vegetal y microbiana, nutrientes disponibles y regulación climática. Sin embargo, el propio estudio advirtió que el ecosistema continúa sometido a presiones importantes y que su estado todavía no puede calificarse como bueno u óptimo.
El agua de limpieza también favoreció la vegetación
La sombra y la reducción del viento no explican por sí solas el crecimiento de las plantas. Los paneles del área estudiada se limpiaban aproximadamente una vez al mes y parte de esa agua llegaba al suelo situado debajo de las estructuras.
Ese aporte, unido a la lluvia concentrada por la superficie inclinada de los módulos, incrementó localmente la disponibilidad hídrica. En un ambiente donde la evaporación anual supera ampliamente la precipitación, pequeñas diferencias en la cantidad de agua retenida pueden modificar la supervivencia y biomasa de las plantas.
La distribución tampoco es uniforme. Algunas franjas reciben escurrimiento en el borde inferior de los paneles, mientras otras permanecen bajo sombra más intensa o disponen de menos agua. El diseño, la inclinación, la separación entre filas y la altura de las estructuras determinan dónde se acumula humedad y qué vegetación puede desarrollarse.
Esta relación entre configuración técnica y actividad productiva también aparece en proyectos de uso dual de terrenos ocupados por grandes parques solares, donde la distancia entre módulos y la infraestructura asociada condicionan la posibilidad de mantener cultivos, pastoreo o recuperación ecológica.
La hierba comenzó a interferir con los paneles
El aumento de la vegetación produjo un nuevo desafío operativo. Las hierbas más altas podían proyectar sombra sobre la parte inferior de algunos módulos, reduciendo su producción eléctrica. Al secarse durante el invierno, también incrementaban la cantidad de material combustible y el riesgo de incendio.
La retirada manual llegó a costar más de cuatro millones de yuanes al año, según la información recogida por Gizmodo. Las autoridades y operadores optaron por introducir ovejas, animales capaces de desplazarse entre los soportes y consumir la vegetación sin necesidad de cortes mecánicos continuos.
El modelo, conocido localmente como “ovejas fotovoltaicas”, permite que los paneles produzcan electricidad mientras el suelo proporciona alimento al ganado. El estiércol devuelve nutrientes al terreno y el pastoreo mantiene la altura de las plantas por debajo de los niveles que podrían interferir con la instalación.
Una experiencia semejante se aplica en el parque británico de Westmill, donde ovejas y paneles solares forman un sistema de mantenimiento sostenible. Aunque las escalas y los climas son distintos, ambos casos muestran que el ganado ovino puede sustituir parte de las labores mecánicas en instalaciones fotovoltaicas.
Más de 20.000 ovejas bajo control digital
Talatan cuenta con 32 pastizales ecológicos fotovoltaicos y recibe más de 20.000 ovejas procedentes de 18 aldeas. Los animales ingresan principalmente entre junio y octubre, cuando la disponibilidad de vegetación permite desarrollar el pastoreo.
El sistema dispone de 56 sitios designados, cada uno con un límite máximo de 400 ovejas. Los animales llevan identificadores electrónicos en las orejas para registrar información y facilitar el control del rebaño, una medida destinada a distribuir la carga y reducir el riesgo de sobrepastoreo.
Según las autoridades forestales y de pastizales de la región, la producción media alcanzó aproximadamente 174 kilogramos de hierba por mu, equivalentes a unas 2,6 toneladas por hectárea. La estimación oficial sostiene que el volumen total podría alimentar hasta 100.000 ovejas, aunque actualmente el número integrado al parque es considerablemente menor.
La experiencia china combina así una infraestructura energética de gran escala con trazabilidad animal, planificación de carga ganadera y acuerdos entre empresas solares y cooperativas rurales. Las aldeas acceden a superficies de pastoreo y los operadores reducen los gastos asociados con el control de la vegetación.
Los paneles se adaptaron al paso del ganado
La convivencia requirió cambios en determinados sectores. Algunos módulos se elevaron hasta aproximadamente 1,5 metros y se ampliaron los espacios entre filas para permitir que las ovejas caminaran, pastaran y fueran supervisadas sin dañar cables o componentes eléctricos.
Esta adaptación confirma que la agrivoltaica ganadera funciona mejor cuando se incorpora desde el diseño. La altura de las estructuras, el aislamiento del cableado, la ubicación de inversores, los caminos internos, el acceso a agua y las cercas deben ser compatibles con el manejo animal.
El uso de ovinos también se está probando dentro de instalaciones industriales. En Polonia, una planta solar incorporó 100 ovejas para controlar la vegetación y estudiar el microclima alrededor de 31.000 paneles.
La introducción de ganado no elimina la necesidad de vigilancia. Una carga excesiva puede reducir la cobertura vegetal, compactar el suelo y aumentar la erosión. Una carga insuficiente permite que las hierbas vuelvan a alcanzar alturas problemáticas. El equilibrio requiere observar la biomasa, ajustar los periodos de ocupación y dejar tiempos de recuperación.
Energía, ganadería e ingresos rurales
El pastoreo ofrece a los productores locales acceso a alimento en una zona donde antes era necesario recorrer largas distancias para encontrar vegetación dispersa. Las empresas, por su parte, obtienen un servicio biológico de mantenimiento que puede reducir el uso de maquinaria, combustible y herbicidas.
Un pastor citado por medios chinos afirmó que su ingreso anual se aproxima a 100.000 yuanes, equivalentes a unos 14.000 dólares, después de ampliar su rebaño. Ese caso individual ilustra el potencial económico del modelo, pero no representa necesariamente el resultado de todas las familias participantes.
Las cooperativas de las aldeas administran el ingreso del ganado mediante acuerdos con las compañías fotovoltaicas. La región también desarrolló una marca comercial vinculada con las “ovejas fotovoltaicas” y utiliza comercio electrónico, ventas minoristas y compras empresariales para colocar la carne.
La combinación de energía y producción rural convierte una superficie industrial en un territorio de usos múltiples. El parque genera electricidad, la vegetación protege parcialmente el suelo, las ovejas controlan la biomasa y las comunidades obtienen acceso a pastos e ingresos.
Talatan no es una fórmula automática para todos los desiertos
Los resultados dependen del clima de la meseta, la disponibilidad de agua, el diseño de los paneles y el manejo aplicado durante años. En zonas más secas, con acuíferos limitados o sin agua para limpiar los módulos, la respuesta de la vegetación podría ser muy diferente.
Una cubierta vegetal más densa tampoco constituye siempre una mejora ecológica. Debe evaluarse si las especies son adecuadas para el lugar, cuánto recurso hídrico consumen, cómo cambia la comunidad microbiana y si el pastoreo mantiene la capacidad de recuperación del terreno.
El estudio científico analizó una instalación concreta de un gigavatio dentro del complejo de Gonghe. Sus resultados respaldan efectos positivos locales, pero no permiten concluir que toda planta fotovoltaica instalada en una región árida restaurará automáticamente el ecosistema.
Talatan ofrece una referencia tecnológica y productiva: los parques solares pueden diseñarse como infraestructuras capaces de interactuar con el suelo, el agua y la ganadería. Su reproducción exigirá monitoreo ambiental, planificación hídrica, estructuras adaptadas y límites de pastoreo definidos para cada territorio.
Fuentes referenciales:
Gizmodo en Español
Scientific Reports – Evaluación ecológica del parque fotovoltaico de Gonghe
CGTN – Paneles solares y ovejas en Talatan

