La desalación, la reutilización de aguas residuales y el riego inteligente permitieron al país sostener una agricultura de alta producción y exportar soluciones hídricas a regiones afectadas por la sequía
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Israel convirtió una situación estructural de escasez de agua en el punto de partida para desarrollar una industria tecnológica que actualmente exporta conocimientos, infraestructuras y sistemas de gestión hídrica a diferentes regiones del mundo.
El país afronta extensas áreas desérticas y un déficit persistente de precipitaciones. Pese a estas limitaciones naturales, logró asegurar buena parte de su abastecimiento doméstico y mantener una agricultura de alta producción mediante una estrategia basada en tres pilares: desalación de agua marina, reutilización de aguas residuales y riego agrícola eficiente.
La experiencia israelí adquiere relevancia ante el aumento de las sequías y la presión creciente sobre los recursos hídricos. También muestra que la disponibilidad de agua no depende únicamente de las lluvias, sino de la capacidad para invertir en infraestructuras, aplicar tecnología y gestionar de manera integrada cada fuente disponible.
España afronta un problema estructural de gestión hídrica
España registra inviernos y primaveras con períodos de precipitaciones importantes, pero durante el verano vuelve a enfrentar dificultades estructurales relacionadas con la disponibilidad y distribución del agua.
La presión podría aumentar con la instalación de centros de datos vinculados con la inteligencia artificial, debido a que estas infraestructuras requieren electricidad y sistemas de refrigeración que, dependiendo de su diseño, pueden demandar grandes cantidades de agua.
Israel comenzó desde una situación todavía más desfavorable. La escasez pluviométrica y la presencia de amplias zonas desérticas obligaron al país a construir un sistema capaz de generar nuevas fuentes de abastecimiento, recuperar agua ya utilizada y reducir las pérdidas durante el riego.
El resultado convirtió al país en una referencia internacional para territorios afectados por la sequía y la variabilidad climática. Su modelo demuestra que la respuesta no depende de una sola tecnología, sino de la combinación de diferentes soluciones dentro de una planificación de largo plazo.
La desalación sostiene el abastecimiento doméstico
El primer componente de la estrategia israelí es la desalación de agua marina mediante ósmosis inversa. El país cuenta con grandes instalaciones como Sorek, Hadera y Ashkelon, construidas para transformar agua del mar Mediterráneo en agua apta para el consumo.
Alrededor del 80% del agua consumida por los hogares israelíes procede actualmente del Mediterráneo. Esta proporción reduce la dependencia de las precipitaciones y de las reservas naturales de agua dulce para cubrir las necesidades domésticas.
La expansión de las desalinizadoras estuvo acompañada por mejoras en los procesos industriales. Israel consiguió reducir el coste energético y económico asociado con la producción de cada metro cúbico de agua desalinizada.
La desalación no sustituye las demás fuentes hídricas, pero permite reservar una mayor cantidad de agua dulce para otros usos y aporta estabilidad al abastecimiento durante períodos prolongados de sequía.
Infraestructuras de gran escala junto al Mediterráneo
Las plantas de Sorek, Hadera y Ashkelon representan la dimensión industrial de la política hídrica israelí. Estas instalaciones emplean membranas y sistemas de presión para separar las sales y otros componentes presentes en el agua marina.
La construcción de plantas desalinizadoras requiere grandes inversiones, conexión energética, redes de transporte y capacidad para distribuir el agua producida hacia los centros urbanos.
Israel abordó estas necesidades como parte de una infraestructura nacional y no únicamente como una respuesta de emergencia ante episodios concretos de sequía.
La continuidad de las inversiones permitió que el agua desalinizada pasara a formar parte habitual del suministro doméstico, disminuyendo la exposición de la población a los cambios anuales en las lluvias.
Cerca del 90% del agua depurada vuelve a utilizarse
El segundo pilar del modelo israelí es la reutilización de aguas residuales. El país aprovecha cerca del 90% del agua depurada, el porcentaje más alto registrado a escala mundial.
La mayor parte de ese recurso recuperado se destina a la agricultura de alta producción. De esta manera, el agua utilizada previamente por hogares y ciudades vuelve al ciclo productivo después de recibir el tratamiento correspondiente.
España ocupa también una posición destacada en esta materia, aunque su porcentaje de reutilización se sitúa aproximadamente entre el 10% y el 12%, muy por debajo del nivel alcanzado por Israel.
La diferencia evidencia la importancia de contar con redes de saneamiento, plantas de tratamiento, sistemas de control y conducciones específicas para trasladar el agua regenerada desde las ciudades hasta las zonas agrícolas.
El agua de Tel Aviv llega a los cultivos del Néguev
El área metropolitana de Tel Aviv tiene alrededor de 3,8 millones de habitantes. Sus aguas residuales son tratadas y posteriormente enviadas hacia el desierto del Néguev para regar superficies agrícolas.
Este sistema permite aprovechar un flujo de agua relativamente constante generado por la actividad urbana. También reduce la necesidad de emplear agua potable en cultivos y evita que un recurso recuperable sea descartado después de un solo uso.
La reutilización crea así una conexión directa entre el metabolismo de las ciudades y la producción agropecuaria. Las zonas urbanas generan agua residual que, tras su depuración, se convierte en un insumo para el campo.
El proceso exige controles permanentes para garantizar que el agua tratada cumpla los parámetros requeridos y pueda utilizarse de acuerdo con las características de los cultivos y los suelos.
El riego por goteo transformó la agricultura israelí
El tercer componente de la estrategia corresponde al uso eficiente del agua en la agricultura. Israel impulsó la expansión del riego por goteo, una tecnología vinculada con la empresa israelí Netafim que posteriormente se extendió por numerosos países.
El sistema transporta el agua mediante tuberías y la libera de forma localizada cerca de las raíces. Esta distribución permite aplicar cantidades controladas y reducir pérdidas relacionadas con la evaporación, la escorrentía o el riego de áreas donde las plantas no pueden aprovecharla.
La tecnología resulta especialmente importante en regiones áridas, donde cada volumen disponible debe utilizarse con precisión. También permite adaptar el suministro a las necesidades de diferentes cultivos y fases de desarrollo.
El riego por goteo se integró con otros avances de la agricultura de precisión, transformándose en un sistema capaz de recopilar información, automatizar decisiones y controlar el uso de agua y nutrientes.
Sensores e inteligencia artificial para decidir cuándo regar
Los sistemas actuales incorporan sensores de humedad capaces de medir las condiciones del suelo. La información obtenida permite determinar si un cultivo necesita agua y calcular el momento adecuado para aplicarla.
La inteligencia artificial puede procesar los datos de los sensores junto con información meteorológica, características del terreno y requerimientos de las plantas. De esta manera, el riego deja de depender únicamente de calendarios fijos.
El objetivo es suministrar el volumen necesario sin provocar déficit ni excesos. Una aplicación insuficiente puede afectar el desarrollo de las plantas, mientras que el riego excesivo desperdicia agua y puede arrastrar nutrientes fuera de la zona radicular.
La eficiencia hídrica también depende de la respuesta biológica de las plantas. Investigaciones sobre los estomas y la adaptación de los cultivos a la sequía buscan comprender cómo regular la pérdida de agua y desarrollar variedades capaces de mantener su productividad bajo condiciones más secas.
Monitorización de fugas en las redes agrícolas
La estrategia israelí no se limita a controlar el agua que sale de los goteros. También utiliza sistemas de monitorización para detectar fugas y fallos en las redes desplegadas en el campo.
Una rotura en una tubería o una variación anormal del caudal puede provocar pérdidas importantes si no se identifica rápidamente. Los sistemas digitales permiten vigilar presión, flujo y funcionamiento de las distintas secciones de riego.
Cuando los datos muestran un comportamiento fuera de los parámetros establecidos, el productor puede recibir una alerta e intervenir antes de que el problema afecte una superficie mayor.
La digitalización convierte la infraestructura hídrica en una red supervisada continuamente. Esta capacidad reduce desperdicios, facilita el mantenimiento y aporta información sobre el consumo real de cada parcela.
Microdosificación de nutrientes junto con el agua
Los sistemas de riego israelíes también permiten aplicar pequeñas dosis de nutrientes directamente en la zona donde se encuentran las raíces.
Esta modalidad facilita el fraccionamiento de los fertilizantes y permite ajustar las aplicaciones a la demanda del cultivo durante las distintas fases de crecimiento.
La combinación de riego y nutrición puede disminuir las pérdidas de insumos y evitar aplicaciones generales sobre áreas donde las plantas no los necesitan.
El control debe ser preciso para impedir acumulaciones de sales, obstrucciones y desequilibrios nutricionales. Los sensores y los sistemas automatizados ayudan a regular la concentración y el momento de cada aplicación.
Una agricultura productiva en regiones desérticas
La combinación de agua regenerada, riego por goteo y control tecnológico permitió ampliar la producción agrícola en territorios donde las precipitaciones resultan insuficientes para sostener cultivos de manera convencional.
El desierto del Néguev representa uno de los ejemplos más visibles. El agua tratada procedente de áreas urbanas es transportada hacia esta región y distribuida mediante sistemas diseñados para aprovechar cada suministro disponible.
La tecnología no elimina las restricciones climáticas, pero permite gestionar con mayor precisión la exposición de los cultivos al déficit hídrico.
La búsqueda de plantas más resistentes complementa este enfoque. El estudio de un gen del arroz asociado con la tolerancia a la sequía muestra cómo la biotecnología puede contribuir a proteger la productividad cuando disminuye la disponibilidad de agua.
Israel exporta una industria construida desde la necesidad
Las soluciones desarrolladas para responder a la escasez interna terminaron convirtiéndose en productos y servicios exportables. Empresas israelíes comercializan sistemas de riego, sensores, software, componentes para redes hidráulicas y conocimientos técnicos.
La demanda internacional aumenta en regiones afectadas por sequías, crecimiento demográfico, deterioro de acuíferos y competencia entre el consumo urbano y la agricultura.
La experiencia israelí permite ofrecer tecnologías ya utilizadas en condiciones de escasez extrema. Esta trayectoria aporta valor comercial porque los sistemas fueron desarrollados para funcionar en escenarios donde el agua constituye una limitación permanente.
El país transformó así una vulnerabilidad natural en un sector industrial vinculado con la innovación, la ingeniería y la agricultura tecnológica.
La infraestructura hídrica requiere planificación continua
El modelo no depende únicamente de equipos instalados en los campos. Su funcionamiento requiere plantas de tratamiento, redes de distribución, centros de control, instalaciones de desalación y normas que regulen el uso de cada tipo de agua.
La coordinación entre las ciudades, la industria, las empresas de servicios y los productores agrícolas resulta fundamental para distribuir los recursos de acuerdo con su calidad y disponibilidad.
El agua desalinizada se destina principalmente al abastecimiento doméstico, mientras que el agua residual tratada puede dirigirse hacia la producción agrícola. Esta diferenciación permite reservar el recurso de mayor calidad para los usos que lo necesitan.
La inversión sostenida también facilita la renovación de las redes, la incorporación de nuevas tecnologías y la adaptación del sistema ante cambios en la demanda.
Una referencia para países sometidos a sequías
Regiones de Europa, América, África y Asia observan el modelo israelí en busca de soluciones para sus propios problemas de abastecimiento.
No todos los componentes pueden trasladarse de manera idéntica. Cada territorio presenta diferencias en disponibilidad energética, extensión costera, calidad del agua residual, capacidad económica, tipos de cultivos y organización institucional.
Sin embargo, los principios generales sí pueden orientar otras estrategias: diversificar las fuentes de agua, evitar el uso único del recurso, reducir pérdidas y aplicar tecnología para decidir con precisión dónde y cuándo regar.
La experiencia muestra además que las soluciones hídricas necesitan una planificación anticipada. Construir desalinizadoras, redes de reutilización y sistemas agrícolas automatizados requiere años de inversión y desarrollo técnico.
La escasez de agua puede impulsar innovación
Israel trató la falta de agua como un problema estructural que debía resolverse mediante infraestructura, investigación y eficiencia. Esa continuidad permitió pasar de medidas aisladas a un sistema nacional integrado.
La desalación proporciona agua para los hogares, la reutilización recupera los flujos generados en las ciudades y el riego inteligente reduce el volumen necesario para producir alimentos.
Este esquema no crea agua ilimitada ni elimina los costes ambientales y energéticos. Su valor radica en ampliar las fuentes disponibles y utilizar cada una de acuerdo con sus características.
Las tecnologías hídricas desarrolladas por Israel confirman que la respuesta a la escasez puede generar conocimiento, empresas e infraestructura exportable cuando se mantiene una política de inversión y mejora constante.
Fuente(s) referenciales

