Investigadores belgas probaron en un huerto de Sint-Truiden dispositivos elásticos capaces de medir directamente sobre el fruto cambios de diámetro inferiores a un milímetro
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de la Universidad de Hasselt (UHasselt) y del centro de investigación frutícola Proefcentrum Fruitteelt (pcfruit), en Bélgica, desarrollaron sensores extensibles basados en metal líquido que pueden colocarse directamente alrededor de las peras para seguir su crecimiento mientras permanecen en el árbol. La tecnología fue probada durante la temporada de 2026 en un huerto de la variedad Conference en Sint-Truiden y busca generar información continua que ayude a mejorar decisiones como el aclareo de frutos y el manejo del riego.
El sistema representa una aproximación diferente al monitoreo convencional de los cultivos. En lugar de observar el fruto a distancia mediante cámaras o realizar mediciones manuales periódicas, el sensor permanece en contacto con la pera y se expande a medida que aumenta su diámetro. La deformación modifica una señal eléctrica que puede convertirse en información sobre el crecimiento.
El desarrollo se inscribe en una tendencia más amplia hacia la instrumentación directa de plantas y cultivos. En agricultura de precisión, drones equipados con sensores ya permiten detectar cambios de temperatura, agua y actividad vegetal, mientras la propuesta belga lleva la medición hasta el propio fruto.
Galinstan y silicona forman un sensor capaz de estirarse con la pera
El elemento conductor está fabricado con Galinstan, una aleación líquida de galio, indio y estaño. Los investigadores integraron este material en un elastómero de silicona muy flexible, creando una estructura que puede deformarse considerablemente sin perder su capacidad de medición.
Cuando el fruto aumenta de tamaño, el dispositivo se estira y cambia la resistencia eléctrica de la trayectoria conductora. Esa variación permite estimar el cambio en el diámetro. El artículo científico, publicado en Advanced Materials Technologies, describe un sensor diseñado inicialmente para seguir el crecimiento de frutos desde aproximadamente 8 hasta 20 milímetros de diámetro, una etapa especialmente relevante para tomar decisiones sobre el aclareo.
Las pruebas de laboratorio mostraron además estabilidad frente a condiciones que un dispositivo agrícola debe soportar en el exterior, entre ellas radiación ultravioleta, humedad y variaciones de temperatura. La resistencia eléctrica del sensor pasó de 2,4 ± 0,5 ohmios a 12,2 ± 0,5 ohmios durante ensayos con una deformación axial del 150%.
La capacidad de colocar sensores directamente sobre organismos vegetales recuerda otras líneas de innovación en las que la propia planta funciona como fuente inmediata de información. Un ejemplo es el tomate desarrollado para señalar visualmente una deficiencia de nitrógeno, aunque en aquel caso la señal procede de una modificación biotecnológica y no de electrónica extensible.
El ensayo siguió las peras desde frutos jóvenes hasta la cosecha
Durante 2026, el sistema fue sometido a pruebas de campo en el huerto experimental de pcfruit en Sint-Truiden. Los investigadores siguieron peras Conference desde las primeras etapas del desarrollo del fruto hasta la cosecha, evaluando la posibilidad de mantener una observación continuada en condiciones reales de producción.
UHasselt informó que el dispositivo puede registrar modificaciones del diámetro inferiores a un milímetro. La electrónica y el software asociados permiten convertir las variaciones eléctricas en una serie temporal que muestra no solo cuánto mide una pera en determinado momento, sino también si su velocidad de crecimiento aumenta o disminuye.
Ese seguimiento continuo ofrece una diferencia importante frente a una medición aislada. Una lectura puntual permite conocer el tamaño del fruto, mientras una secuencia de datos revela su dinámica de desarrollo. En agricultura digital, precisamente, el valor de los sensores depende de relacionar las mediciones con el contexto y las decisiones agronómicas, no únicamente de obtener una cifra.
Los datos podrían ayudar a decidir el aclareo de frutos
Una de las primeras aplicaciones estudiadas es el aclareo, práctica mediante la cual se retira parte de los frutos jóvenes para regular la carga del árbol y favorecer el desarrollo de los restantes. El momento de esa intervención es importante porque el tamaño alcanzado por los frutos influye en la decisión.
El prototipo descrito en el trabajo científico se concentra precisamente en el intervalo de 8 a 20 milímetros. La posibilidad de seguir automáticamente ese crecimiento permitiría disponer de información objetiva sobre la evolución de los frutos seleccionados sin depender exclusivamente de mediciones manuales.
Serge Remy, investigador de pcfruit, señaló que los datos obtenidos en frutos jóvenes podrían contribuir en el futuro a mejorar las decisiones de aclareo, aunque serán necesarios varios años adicionales de investigación para establecer cómo utilizar esas mediciones de forma fiable en la gestión comercial de los huertos.
El crecimiento de la pera podría orientar decisiones de riego
Los investigadores también contemplan utilizar las curvas de crecimiento para estimar el tamaño que podría alcanzar la fruta en el momento de la cosecha. Si el sistema detecta que el desarrollo se ralentiza, esa información podría combinarse con otros indicadores para determinar si existe margen para intervenir mediante riego antes de recolectar.
La Universidad de Hasselt considera especialmente relevante esta posibilidad ante periodos de sequía más frecuentes e intensos. El objetivo no es que el sensor decida automáticamente cuándo regar, sino proporcionar una nueva variable sobre la respuesta real del fruto a las condiciones del huerto.
La combinación con mediciones ambientales será fundamental para interpretar correctamente esa señal. Otros sistemas de agricultura inteligente ya emplean sensores de humedad del suelo para apoyar decisiones sobre el uso del agua, mientras el dispositivo desarrollado en Bélgica añadiría información procedente directamente del crecimiento del fruto.
Una red inalámbrica permite reunir los datos del huerto
El sensor colocado alrededor de la pera constituye solamente una parte del sistema. Los investigadores desarrollaron electrónica y software para recoger las señales y seguir la evolución del diámetro. Durante las pruebas también avanzaron en un sistema inalámbrico destinado a transferir las mediciones desde el huerto hacia una base de datos.
Esta arquitectura permitiría observar varios frutos de manera continuada y comparar sus curvas de crecimiento. A largo plazo, el equipo pretende combinar esa información con datos de estaciones meteorológicas y sensores de suelo, como temperatura, precipitaciones, humedad, ciclos de riego y prácticas de manejo.
La integración de distintas fuentes es uno de los desafíos de la agricultura de precisión. Tecnologías existentes ya combinan sensores de suelo, información aérea y análisis digital para mejorar la gestión del agua. El nuevo dispositivo podría añadir a esas plataformas una medición directa de cómo responde el fruto.
Una alternativa complementaria a cámaras y drones
Los sistemas ópticos permiten observar superficies extensas y analizar simultáneamente numerosos árboles, pero pueden verse condicionados por hojas, ramas, iluminación, posición del fruto y resolución de las imágenes. Los sensores de contacto siguen una estrategia diferente: sacrifican cobertura espacial a cambio de una medición continua sobre frutos seleccionados.
Por esa razón, la nueva tecnología no necesariamente sustituirá a drones, cámaras o estaciones de campo. Su utilidad podría estar en combinar mediciones directas de alta precisión con herramientas capaces de observar el huerto a mayor escala.
Esta complementariedad también aparece en desarrollos que utilizan inteligencia artificial para monitorizar plantas de tomate mediante imágenes. Sensores físicos, visión artificial y modelos de datos pueden responder a preguntas diferentes dentro de una misma explotación.
La tecnología aún se encuentra en desarrollo
El trabajo publicado demuestra la viabilidad del concepto y su funcionamiento en campo, pero todavía no convierte el dispositivo en una herramienta comercial disponible para los fruticultores. Un proyecto de UHasselt desarrollado entre diciembre de 2025 y noviembre de 2026 estudia precisamente la cadena de valor necesaria para llevar el sensor al mercado y analiza posibles vías de comercialización mediante licencia o una empresa derivada.
Los autores señalan además que la estructura flexible puede adaptarse a otros frutos. En el estudio se utilizaron peras por su disponibilidad y superficie relativamente uniforme, pero el diseño también podría aplicarse a manzanas sin modificaciones estructurales importantes. Frutos con superficies más irregulares requerirían calibración y una colocación adecuada para evitar variaciones locales de contacto.
Antes de una implantación a gran escala deberán evaluarse aspectos como costo por sensor, durabilidad durante ciclos productivos completos, facilidad de instalación, mantenimiento, conectividad y capacidad de convertir grandes cantidades de datos en recomendaciones agronómicas fiables.
La propuesta belga muestra una dirección concreta de la digitalización frutícola: medir directamente el crecimiento del producto que finalmente llegará a la cosecha. Si las siguientes fases confirman su utilidad agronómica y económica, los sensores extensibles podrían convertirse en una nueva capa de información para decidir cuándo aclarar, regar o intervenir en un huerto sin esperar a que los cambios sean evidentes a simple vista.
Fuentes referenciales:
AgroXXI
Hasselt University
Advanced Materials Technologies

