El nuevo marco regulatorio permitirá desarrollar variedades editadas con mayor rapidez para responder al cambio climático, las plagas, las enfermedades y las necesidades productivas del campo europeo.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La aprobación del nuevo reglamento europeo sobre Nuevas Técnicas Genómicas marca un cambio decisivo para la investigación y la mejora vegetal en la Unión Europea. La norma, respaldada el 17 de junio de 2026, establece un marco específico para herramientas de edición genética de precisión como CRISPR y las separa de la regulación clásica aplicada a los organismos modificados genéticamente.
El cambio pone fin a varios años de bloqueo normativo y abre la posibilidad de que agricultores y productores accedan a variedades vegetales desarrolladas para tolerar mejor el calor, la sequía, las plagas y las enfermedades. También permitirá trabajar en cultivos con rendimientos más elevados, menores necesidades de pesticidas o propiedades alimentarias mejoradas.
Las Nuevas Técnicas Genómicas permiten introducir modificaciones muy concretas en el material genético de plantas, animales y microorganismos. En el ámbito agrícola, estas herramientas pueden reproducir de manera dirigida cambios comparables a los que aparecen espontáneamente en la naturaleza, pero en plazos mucho más cortos que los requeridos por los programas convencionales de cruzamiento y selección.
A diferencia de muchos organismos modificados genéticamente tradicionales, las plantas obtenidas mediante determinadas técnicas de edición no tienen que incorporar ADN procedente de otras especies. Esta característica es central en el nuevo enfoque europeo y explica la diferenciación regulatoria entre la edición genética de precisión y la transgénesis clásica.
Un giro frente al bloqueo regulatorio iniciado en 2018
Las expectativas científicas surgidas tras el desarrollo de CRISPR en 2012 encontraron un obstáculo importante en julio de 2018. En ese momento, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea determinó que los organismos obtenidos mediante las nuevas técnicas genómicas debían someterse a un régimen similar al aplicado a los organismos modificados genéticamente.
La decisión limitó la aplicación de estas herramientas en la agricultura europea y provocó críticas dentro de la comunidad científica, que reclamaba una normativa adaptada a los avances de la biología molecular y a las diferencias existentes entre las distintas formas de modificación genética.
En abril de 2021, la Comisión Europea publicó un informe que reconocía la necesidad de revisar la legislación. El documento abrió un proceso de debate científico, económico, social y político en torno a la utilización de la edición genética de plantas en Europa.
La Comisión presentó su propuesta regulatoria en julio de 2023. El Parlamento Europeo fijó su posición en febrero de 2024, mientras que el Consejo de la Unión Europea adoptó su postura en abril de 2026. El acuerdo alcanzado el 17 de junio completó el proceso político necesario para establecer el nuevo marco, cuya aplicación efectiva está prevista después de un periodo de transición de dos años.
Europa busca recuperar terreno en biotecnología agrícola
La reforma aproxima a la Unión Europea a otros países que establecieron con anterioridad normas específicas para las variedades editadas. Argentina fue pionera en 2015, seguida por Brasil en 2018, Japón y Australia en 2019, Estados Unidos en 2020 y Reino Unido en 2023.
El retraso europeo había generado preocupación por la pérdida de competitividad científica y tecnológica frente a regiones donde los investigadores podían trasladar con mayor facilidad los avances del laboratorio a los ensayos agrícolas y al desarrollo comercial.
El nuevo escenario también puede impulsar tecnologías complementarias, desde la selección acelerada hasta los cromosomas sintéticos aplicados a cultivos, aunque cada innovación deberá ajustarse a sus correspondientes requisitos científicos y regulatorios.
La posibilidad de editar genes concretos permite trabajar sobre características vinculadas con la resistencia a patógenos, la tolerancia al estrés ambiental, la calidad nutricional y la eficiencia productiva. Estas aplicaciones resultan especialmente relevantes en un contexto de temperaturas extremas, escasez de agua y aparición de nuevas enfermedades agrícolas.
El modelo británico muestra los primeros resultados
Reino Unido constituye una referencia cercana para la Unión Europea debido a sus vínculos regulatorios históricos y a las semejanzas entre sus sistemas científicos y agrícolas. La legislación británica sobre organismos mejorados mediante precisión se aplica actualmente en Inglaterra y exige registrar públicamente los ensayos y las solicitudes de comercialización.
Desde noviembre de 2025 se registraron en Inglaterra seis notificaciones para liberar al ambiente organismos editados mediante Nuevas Técnicas Genómicas y una notificación relacionada con la posible comercialización de una planta mejorada.
El primer cultivo que avanzó por esta vía fue una cebada desarrollada por científicos de Rothamsted Research. La planta fue editada con CRISPR para aumentar el contenido de grasa en sus tejidos y producir un forraje con mayor valor energético destinado a la alimentación de ganado bovino y ovino.
La modificación consiste en pequeños cambios que provocan la pérdida de función de dos genes implicados en la degradación de aceites vegetales. El objetivo es mejorar la eficiencia de la alimentación y estudiar su posible contribución a la reducción de las emisiones de metano generadas durante la digestión de los rumiantes.
La cebada recibió una evaluación favorable del Comité Asesor sobre Liberaciones al Medio Ambiente, lo que permite ampliar las investigaciones y continuar el proceso previo a una eventual comercialización.
Trigo, camelina, guisante y tomate entran en los programas de edición
Los investigadores británicos también trabajan con dos variedades de trigo. Una está orientada a mejorar la calidad panadera, mientras que la otra busca incrementar el tamaño del grano y elevar el potencial de rendimiento.
Entre febrero y junio de 2026 se presentaron además solicitudes para ensayos con camelina, guisante, colza, soja, tomate y col. La variedad de especies incluidas muestra que el marco británico está siendo utilizado tanto para investigación aplicada como para el desarrollo de futuros productos comerciales.
La rápida presentación de solicitudes después de la entrada en vigor de la normativa británica refleja el efecto que puede tener la seguridad jurídica sobre los programas de innovación. Los centros científicos y las empresas pueden planificar ensayos, inversiones y procesos de transferencia con reglas previamente definidas.
Las técnicas de edición también pueden combinarse con análisis masivos de datos, fenómica y mejoramiento vegetal impulsado por inteligencia artificial para identificar con mayor rapidez las plantas que expresan características agronómicas valiosas.
España plantea convertir la regulación en innovación aplicada
La aprobación europea fue recibida positivamente por organizaciones agrarias, asociaciones de obtentores vegetales y centros españoles de investigación. El Centro de Investigación en Agrigenómica calificó el acuerdo como un paso histórico para la agricultura, mientras que el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca destacó su relevancia para la biotecnología vegetal europea.
España ocupa una posición significativa dentro del sector agroalimentario europeo y se encuentra especialmente expuesta a los efectos del cambio climático. La escasez de agua, las temperaturas extremas y la presión de plagas y enfermedades convierten la mejora de los cultivos en un asunto estratégico para la producción nacional.
El nuevo marco puede facilitar el desarrollo de variedades adaptadas a condiciones ambientales difíciles, pero la aprobación regulatoria no garantiza por sí sola la llegada de soluciones al campo. Será necesario reforzar la inversión, los programas científicos, los ensayos, la transferencia tecnológica y la colaboración con agricultores y empresas.
Entre las iniciativas existentes se encuentra nGENIA, un proyecto de asesoría científica sobre Nuevas Técnicas Genómicas financiado por el Programa Estatal de Transferencia y Colaboración. La iniciativa reúne especialistas que asesoran al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y analizan el potencial de estas herramientas para el sector agroalimentario español.
Del marco legal a las variedades disponibles para los agricultores
La aprobación de la normativa abre una nueva fase, pero su efecto dependerá de cómo se desarrollen los procedimientos técnicos y administrativos durante los próximos dos años. También será determinante la capacidad de los Estados miembros para coordinar investigación, evaluación científica, inversión y transferencia de conocimiento.
El avance regulatorio puede impulsar la biotecnología orientada a cultivos resilientes, siempre que los proyectos respondan a necesidades concretas y superen las evaluaciones requeridas antes de su liberación o comercialización.
La nueva etapa europea sitúa el desafío más allá de la aprobación legislativa. El objetivo será transformar años de investigación en variedades capaces de mantener la producción frente a sequías, calor, enfermedades y plagas, y garantizar que esos avances lleguen de manera efectiva a agricultores y productores.
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