Una instalación de agricultura vertical en Gardermoen controla siembra, cultivo y envasado sin manipulación humana directa y permite producir durante todo el año
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Noruega puso en operación su primera instalación completamente automatizada para producir hortalizas, un sistema de agricultura vertical en el que robots y equipos de control realizan desde la siembra de la lechuga hasta su cultivo y envasado. La planta funciona en Gardermoen, cerca de Oslo, y sus primeros productos llegaron a las tiendas durante la primavera de 2026.
La instalación es operada por Himmelgrønt AS, una colaboración entre la cadena Coop Norge y la empresa tecnológica Avisomo. Investigadores de SINTEF han estudiado esta experiencia dentro de un análisis más amplio sobre las posibilidades y limitaciones de automatizar la producción noruega de hortalizas en ambientes controlados.
De la semilla al paquete mediante un sistema automatizado
La característica más llamativa del modelo es la continuidad de la automatización. Ottar Bakås, investigador sénior de SINTEF, explicó que la lechuga no es tocada por personas desde que se siembra, durante su crecimiento y envasado, hasta que posteriormente el consumidor abre el producto.
Las plantas crecen en un sistema de estanterías de varios niveles. Cada semilla se introduce en una unidad donde las raíces se desarrollan hacia abajo y reciben nutrientes mediante agua en circulación, mientras la parte aérea crece sobre el soporte. Las variedades de crecimiento más rápido pueden estar listas en poco más de dos semanas.
El planteamiento lleva a escala comercial una línea tecnológica que ya había sido explorada mediante experimentos para determinar si la inteligencia artificial puede cultivar lechuga de manera autónoma. La diferencia en Gardermoen es que la automatización abarca también operaciones físicas como el movimiento del cultivo, la cosecha y el envasado.
Luz, aire y agua se ajustan automáticamente
La agricultura vertical permite mantener las plantas en un ambiente interior controlado y aprovechar el espacio mediante capas superpuestas. En la instalación de Avisomo, los sistemas automatizados regulan parámetros como iluminación, aire y suministro de agua para mantener las condiciones requeridas durante el crecimiento.
El cultivo se realiza sin suelo, una característica habitual de los sistemas verticales de este tipo. El control digital del ambiente permite además desacoplar parcialmente la producción de las estaciones y mantener ciclos durante todo el año, algo especialmente relevante en un país con una temporada agrícola exterior limitada como Noruega.
La integración entre sensores, sistemas de control y máquinas forma parte de una tendencia más amplia hacia explotaciones basadas en información digital. En otros sistemas agrícolas, la combinación de diferentes fuentes de datos ya permite que la inteligencia artificial construya mapas precisos para la operación de robots agrícolas, proporcionando referencias necesarias para que las máquinas trabajen de forma autónoma.
La automatización busca extender la vida útil de las hortalizas
SINTEF señala que el sistema puede aumentar de manera considerable la conservación de lechugas y hierbas. En las condiciones analizadas, la vida útil puede pasar de aproximadamente dos a cuatro semanas a alrededor de doce semanas. La reducción de la manipulación y el control del ambiente durante la producción son factores relevantes para preservar la calidad.
Bakås indicó que una mayor duración representa una ventaja para los establecimientos comerciales porque amplía el período disponible para vender las hortalizas y puede disminuir la cantidad de producto descartado. La producción sin contacto manual también elimina determinadas fuentes de contaminación o deterioro durante el proceso.
La manipulación de productos agrícolas es precisamente uno de los retos centrales de la robótica. Frutas y hortalizas presentan diferencias de tamaño, forma, firmeza y posición que obligan a desarrollar máquinas capaces de trabajar con materiales biológicos variables. Un ejemplo es la pinza robótica desarrollada para recolectar moras delicadas, diseñada para controlar las fuerzas aplicadas durante la cosecha.
Robots para responder a la escasez de trabajadores
La disponibilidad de mano de obra constituye otra razón para investigar la automatización. Aleksander Lillienskiold, quien participó en el proyecto de SINTEF, señaló que Noruega enfrenta dificultades para conseguir trabajadores para determinadas tareas agrícolas. Los robots pueden asumir operaciones repetitivas como manipulación, transporte interno, cosecha o envasado.
La misma presión aparece en otros sectores hortícolas. La automatización de la recolección está avanzando especialmente en cultivos que requieren abundante trabajo manual, como muestran los robots con inteligencia artificial utilizados experimentalmente para recolectar fresas en Reino Unido.
Sin embargo, SINTEF advierte que el ejemplo completamente automatizado de Gardermoen no significa que la robotización integral resulte viable para todos los productores. Las plantas presentan variabilidad biológica y muchas operaciones agrícolas continúan siendo difíciles de automatizar de manera fiable y económicamente competitiva.
Digitalizar antes de intentar robotizar toda la producción
El análisis de SINTEF forma parte del proyecto AutoGrow, desarrollado entre 2025 y 2026 para estudiar la automatización de invernaderos y la producción sostenible de hortalizas en las condiciones específicas de Noruega. Los investigadores analizaron robots, sensores, cámaras, sistemas de control, herramientas digitales y soluciones energéticas, además de visitar instalaciones productivas.
Una de las principales conclusiones es que el obstáculo no consiste necesariamente en la inexistencia de tecnología. Numerosas soluciones ya están disponibles, pero pueden resultar demasiado costosas, complejas o poco flexibles para explotaciones noruegas de menor escala y con una producción diversificada.
El estudio identifica un potencial particularmente importante en la automatización selectiva. Procesos estructurados como logística interna, lavado, envasado, supervisión y gestión energética pueden ofrecer oportunidades más inmediatas que intentar sustituir todas las tareas humanas mediante robots.
La necesidad de combinar automatización con sistemas de percepción también aparece en el trabajo de campo. Tecnologías experimentales como sensores capaces de localizar cultivos mediante vibraciones muestran cómo la robótica agrícola busca superar las dificultades que encuentran las cámaras cuando hojas, ramas u otros elementos ocultan el objetivo.
El consumo energético condiciona la agricultura vertical
La producción durante todo el año exige controlar no solo el cultivo, sino también el uso de energía. SINTEF considera la gestión energética un factor decisivo para determinar la rentabilidad de instalaciones automatizadas en Noruega, donde los costos de operación pueden condicionar la viabilidad económica de un sistema interior.
Por esta razón, los investigadores plantean que la digitalización debe preceder en muchos casos a una robotización más avanzada. Disponer de datos fiables sobre producción, consumo energético, flujos de trabajo y rendimiento permite identificar qué procesos conviene automatizar y evaluar posteriormente los resultados.
Esta evolución también implica que la agricultura automatizada no depende de una única máquina. Robots, sensores, sistemas de visión, software, control ambiental y análisis de datos deben funcionar de manera coordinada. En aplicaciones exteriores, esa integración ya permite desarrollar granjas que incorporan robots y tecnologías autónomas para inspección, manejo y otras operaciones agrícolas.
Producción local y seguridad alimentaria en Noruega
La instalación de Gardermoen también tiene una dimensión vinculada al abastecimiento. Producir hortalizas durante todo el año permitiría sustituir parte de las importaciones de productos que tradicionalmente deben llegar desde otros países cuando las condiciones exteriores noruegas impiden su cultivo.
El proyecto AutoGrow concluye que la automatización puede contribuir a una producción hortícola más competitiva y basada en datos, pero no plantea una única solución aplicable a todas las explotaciones. El grado adecuado dependerá del cultivo, la escala, los costos, la energía disponible, la variabilidad de las tareas y la capacidad de integrar las tecnologías con los procesos productivos existentes.
La planta operada por Himmelgrønt representa un caso especialmente avanzado: una lechuga puede completar su recorrido desde la semilla hasta el paquete comercial dentro de un sistema vertical automatizado. Para SINTEF, la experiencia sirve al mismo tiempo como demostración tecnológica y como referencia para determinar qué partes de ese modelo pueden trasladarse al resto de la horticultura noruega.
Fuentes referenciales:
Phys.org
SINTEF
SINTEF — Informe AutoGrow

