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Biotecnología agrícola

El módulo VSF-1–TBG6 controla la firmeza del tomate

Publicado el 09/09/2026
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Investigadores de China y Francia identificaron una red genética que refuerza las paredes celulares durante el crecimiento, aunque su activación excesiva aumentó la pérdida de agua poscosecha


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Santiago Duarte

Un equipo científico encabezado por la Universidad de Zhejiang, en China, identificó el módulo genético VSF-1–TBG6 como uno de los mecanismos que ayudan a determinar la firmeza del tomate mientras el fruto todavía está creciendo. El hallazgo abre una posible vía para desarrollar variedades más resistentes al transporte y el almacenamiento, pero también revela que aumentar la dureza sin considerar otros rasgos puede perjudicar la conservación.

La investigación, realizada junto con especialistas del Laboratorio de Investigación en Ciencias Vegetales de Toulouse, Francia, fue publicada en la revista Horticulture Research. El estudio examinó una etapa menos conocida de la formación de la textura: la construcción de la firmeza antes de que comience el proceso de maduración y ablandamiento.

La resistencia mecánica del tomate depende en gran medida de su pared celular, una estructura compuesta principalmente por celulosa, hemicelulosa y pectina. Esta arquitectura sostiene los tejidos durante la expansión del fruto y contribuye a reducir los daños físicos que pueden producirse durante la cosecha, el envasado y la distribución.

VSF-1 actúa como regulador de la firmeza

Los investigadores estudiaron VSF-1, un factor de transcripción perteneciente a la familia bZIP. Estas proteínas regulan la actividad de otros genes y pueden coordinar diferentes procesos del desarrollo vegetal.

Para comprobar su función, el equipo utilizó la herramienta de edición genética CRISPR-Cas9 y produjo dos líneas de tomate en las que VSF-1 fue desactivado. También generó dos líneas que expresaban el regulador en cantidades superiores a las normales. Todos los ensayos se realizaron sobre el fondo genético de la variedad Ailsa Craig.

Los tomates sin una copia funcional de VSF-1 resultaron significativamente más blandos que los frutos convencionales. La diferencia apareció desde las primeras etapas de desarrollo y alcanzó su mayor intensidad cuando los tomates se encontraban en estado verde maduro.

En sentido contrario, la sobreexpresión de VSF-1 aumentó la firmeza. El resultado confirmó que este regulador participa activamente en la formación de la resistencia estructural y no se limita a intervenir durante el ablandamiento posterior.

El trabajo amplía una línea de investigación que ya había identificado otros genes relacionados con el sabor y la vida útil del tomate. La diferencia es que el nuevo estudio sitúa el foco en la construcción temprana de los tejidos, antes del inicio de la maduración.

Las paredes celulares cambiaron de grosor

Las mediciones biomecánicas fueron acompañadas por observaciones mediante microscopía óptica y microscopía electrónica de transmisión. Estas técnicas permitieron relacionar la textura con modificaciones concretas en la organización interna del fruto.

En las líneas donde VSF-1 fue desactivado, el contenido de material de la pared celular disminuyó entre 13% y 18%. Las paredes de las células situadas debajo de la epidermis también fueron entre 32% y 37% más delgadas que las observadas en los tomates sin editar.

La sobreexpresión produjo el efecto opuesto. El material de pared celular del pericarpio aumentó entre 27% y 30%, mientras que los frutos desarrollaron un mayor número de capas celulares. Estas diferencias explicaron la mayor resistencia registrada en las pruebas de compresión y penetración.

La capacidad de fortalecer los tejidos podría resultar útil para variedades destinadas a cadenas comerciales largas o a sistemas de cosecha automatizada. El desafío de obtener tomates frescos adaptados a la recolección mecánica exige frutos capaces de soportar la manipulación sin perder las cualidades esperadas por el consumidor.

TBG6 es un objetivo directo del regulador

El equipo combinó análisis de transcriptómica con secuenciación por purificación de afinidad del ADN, conocida como DAP-seq, para reconstruir la red de genes controlada por VSF-1. El estudio detectó 59.371 zonas de unión de alta confianza y 5.952 genes cuyos promotores podían estar asociados con el regulador.

Al integrar esos resultados con las variaciones observadas en la expresión genética, los científicos redujeron el conjunto a 218 posibles objetivos directos. Muchos estaban relacionados con la organización de la pared celular y el metabolismo de sus polisacáridos.

Entre ellos apareció TBG6, un gen que codifica una beta-galactosidasa vinculada con la remodelación de la pared durante las primeras etapas del desarrollo. Diferentes pruebas moleculares demostraron que VSF-1 se une al promotor de TBG6 y activa su transcripción.

Los investigadores desactivaron después TBG6 y comprobaron que los frutos perdían firmeza durante el crecimiento temprano. El cambio fue menos intenso que el causado por la eliminación de VSF-1, lo que indica que el factor de transcripción actúa a través de una red más amplia y no exclusivamente mediante un solo gen.

El estudio también identificó como posibles integrantes de esa red a PMEU1, relacionado con la modificación de la pectina, y a genes de la familia XTH, que intervienen en la reorganización de la hemicelulosa. La firmeza observada sería el resultado combinado de varias rutas que construyen y refuerzan la pared celular.

Más firmeza también elevó la pérdida de agua

La investigación encontró una limitación importante para el uso directo del hallazgo en programas de mejoramiento. Aunque los tomates con sobreexpresión de VSF-1 fueron más firmes, también presentaron una mayor pérdida de agua después de la cosecha y una permeabilidad superior de la cutícula.

Este comportamiento muestra que la firmeza no equivale automáticamente a una vida útil más prolongada. Un fruto puede resistir mejor la presión y, al mismo tiempo, perder humedad con mayor rapidez, lo que afecta su peso, apariencia y calidad comercial.

La textura debe además cambiar durante la maduración. El tomate necesita suficiente resistencia mientras se desarrolla, pero también debe ablandarse de manera apropiada para alcanzar las características sensoriales deseadas. Una activación excesiva o permanente del mecanismo podría alterar ese equilibrio.

Los autores identificaron una posible interacción con LOB1, un regulador conocido del ablandamiento. Los datos sugieren la existencia de una retroalimentación que ayuda a conservar la firmeza durante el crecimiento y permite que la degradación controlada de las paredes avance cuando comienza la maduración.

Una herramienta potencial para el mejoramiento de precisión

El módulo VSF-1–TBG6 ofrece un objetivo definido para futuros trabajos de mejoramiento genético. En lugar de mantener VSF-1 permanentemente activado, los investigadores plantean que sería necesario ajustar cuándo, dónde y con qué intensidad funciona.

Esta regulación de precisión podría reforzar el fruto durante las etapas en las que es más vulnerable sin bloquear el ablandamiento ni aumentar la pérdida de humedad después de la cosecha. El estudio aporta el mecanismo molecular, pero todavía se requieren evaluaciones en distintas variedades y condiciones productivas antes de trasladarlo a materiales comerciales.

La aplicación agronómica también deberá considerar que la calidad del tomate depende de la interacción entre genética, ambiente y manejo. Experimentos sobre la producción de tomates con menos agua de riego muestran que firmeza, composición y rendimiento no están determinados únicamente por el genotipo.

La edición genética ya se investiga para resolver otros límites productivos, como demuestra el desarrollo de tomates capaces de producir bajo condiciones de frío. En el caso de VSF-1, la prioridad será evitar que la ganancia de resistencia mecánica se obtenga a costa de la retención de agua, la maduración o la aceptación del fruto.

El hallazgo desplaza así parte de la investigación sobre textura desde el ablandamiento final hacia la arquitectura que se forma durante el crecimiento. Comprender esa etapa ofrece nuevas opciones para reducir daños y pérdidas poscosecha, pero confirma que la calidad comercial depende de equilibrar varios rasgos y no de maximizar únicamente la dureza.

Fuentes referenciales:
AgroXXI
Horticulture Research