La empresa estadounidense Robigo utiliza biología sintética y RNA de interferencia para convertir microorganismos en sistemas de protección de cultivos; ensayos en cinco estados mostraron resultados comparables a un pesticida químico líder con una sola aplicación
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario BET
Editor: Karem Díaz S.
Una plataforma de biotecnología desarrollada en Estados Unidos está utilizando microorganismos diseñados para combatir enfermedades agrícolas mediante moléculas dirigidas contra funciones específicas de los patógenos. Robigo, una empresa surgida del entorno del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), informó que sus dos productos principales fueron probados en soja y lechuga en cinco estados y que una sola aplicación proporcionó protección durante toda la temporada, con un desempeño comparable al de un pesticida químico de referencia.
La tecnología combina biología sintética, diseño computacional y RNA de interferencia, conocido como RNAi. En lugar de buscar simplemente un microorganismo natural que posea propiedades pesticidas, la plataforma denominada ARGO parte de microbios robustos y los modifica para producir y liberar moléculas bioactivas dirigidas contra determinados patógenos de las plantas.
El avance representa una línea diferente dentro del desarrollo de bioinsumos. Los microorganismos no funcionan únicamente como portadores pasivos: su capacidad para reproducirse permite que continúen produciendo las moléculas activas después de la aplicación, una característica que Robigo busca aprovechar para prolongar la protección de los cultivos.
El principio de utilizar RNA para controlar organismos agrícolas ya está avanzando hacia aplicaciones comerciales. Mundo Agropecuario BET documentó recientemente cómo México aprobó un biofungicida basado en RNA diseñado para interferir selectivamente con funciones esenciales de hongos agrícolas. La propuesta de Robigo añade otra capa tecnológica al utilizar microorganismos vivos como sistemas de producción y entrega de las moléculas.
Los microbios producen continuamente las moléculas activas
La plataforma ARGO utiliza procesos de ingeniería biológica y diseño computacional para modificar microorganismos que ya presentan características adecuadas para sobrevivir en entornos agrícolas. El objetivo es proporcionarles funciones adicionales capaces de actuar específicamente contra enfermedades de los cultivos.
La estrategia actual se concentra en RNAi. Este mecanismo permite diseñar secuencias de RNA que interfieren con la actividad de genes necesarios para el funcionamiento del organismo objetivo. Al bloquear procesos esenciales del patógeno, la tecnología busca detener o reducir su capacidad para provocar enfermedad.
Robigo había explorado inicialmente la utilización de CRISPR para atacar bacterias perjudiciales para los cultivos. Posteriormente desplazó el desarrollo hacia RNAi, una herramienta que puede programarse para interferir con blancos genéticos concretos.
La empresa también trabaja con una estrategia denominada RNAi stacking, que combina varias moléculas de RNAi dentro de un mismo microorganismo. El propósito es ampliar el espectro de patógenos que podría controlar un único producto.
La modificación de microorganismos para ejecutar funciones específicas forma parte de una expansión más amplia de la ingeniería microbiana. Otra investigación reseñada por Mundo Agropecuario BET mostró que una plataforma genética logró aumentar hasta 2,8 veces la producción de un compuesto vegetal utilizando Escherichia coli modificada, demostrando cómo la reprogramación celular puede transformar microorganismos en sistemas biológicos de producción.
Los ensayos abarcaron soja y lechuga en cinco estados
Robigo probó durante 2025 sus dos productos principales en cultivos de soja y lechuga distribuidos entre el Medio Oeste y el oeste de Estados Unidos. Las evaluaciones fueron realizadas con participación de empresas independientes de ensayos agrícolas.
De acuerdo con la información presentada por MIT, una sola aplicación de los microorganismos protegió los cultivos durante toda la temporada y alcanzó un desempeño comparable al principal pesticida químico utilizado como referencia en los ensayos.
En otra comparación, realizada frente a un producto microbiano comercial, el sistema desarrollado por Robigo produjo un aumento del rendimiento del 250 %. Esta cifra corresponde a un ensayo concreto y no debe interpretarse como una mejora generalizable a cualquier cultivo, enfermedad o ambiente.
La empresa informó posteriormente que uno de sus productos en desarrollo está dirigido al síndrome de muerte súbita de la soja, una enfermedad provocada principalmente por hongos del género Fusarium. Robigo sostiene que su solución experimental ha alcanzado un desempeño comparable al de productos químicos disponibles comercialmente y trabaja hacia un posible lanzamiento en 2028.
El uso de microorganismos en soja ya constituye un campo importante de innovación biotecnológica, aunque con objetivos diferentes. Los inoculantes destinados a nutrición, por ejemplo, aprovechan relaciones beneficiosas entre bacterias y raíces. Mundo Agropecuario BET ha descrito el desarrollo de inoculantes orientados a potenciar la fijación biológica de nitrógeno en soja y arveja. Robigo, en cambio, emplea microorganismos diseñados como herramientas de protección fitosanitaria.
La supervivencia del microorganismo es parte del diseño
Uno de los problemas de determinados productos biológicos es que microorganismos seleccionados por su capacidad para combatir un patógeno pueden no adaptarse adecuadamente al ambiente donde finalmente se aplican. Si desaparecen rápidamente del suelo o de la superficie vegetal, la duración de su efecto puede ser limitada.
Robigo plantea el proceso en sentido inverso. Primero selecciona microorganismos robustos y compatibles con el entorno productivo y posteriormente incorpora las funciones necesarias para atacar una enfermedad determinada.
Esta diferencia es relevante porque la eficacia de un producto microbiano depende no solo de su capacidad para producir una sustancia activa en laboratorio, sino también de su establecimiento, persistencia y actividad bajo condiciones reales de campo.
La compañía busca aprovechar además la autorreplicación. Mientras un compuesto químico comienza a degradarse después de ser aplicado, un microorganismo viable puede continuar produciendo determinadas moléculas durante su permanencia en el cultivo.
La estrategia no elimina la necesidad de vigilancia fitosanitaria. Tecnologías complementarias ya permiten identificar con rapidez microorganismos responsables de enfermedades; por ejemplo, una plataforma del USDA automatiza el análisis genómico para reconocer nuevas variantes de patógenos agrícolas. La combinación futura de diagnóstico y tratamientos biológicos dirigidos podría permitir intervenciones cada vez más específicas.
El objetivo es atacar al patógeno sin eliminar organismos beneficiosos
La selectividad constituye uno de los principales argumentos tecnológicos de la plataforma. Muchos pesticidas químicos actúan sobre grupos amplios de organismos y pueden afectar especies que no constituyen el objetivo del tratamiento.
El RNAi permite diseñar moléculas orientadas hacia secuencias o funciones biológicas concretas del patógeno. El propósito es reducir los efectos sobre microorganismos beneficiosos, insectos polinizadores y otros componentes del agroecosistema.
Esta precisión potencial no significa que todo producto basado en RNA o microorganismos sea automáticamente inocuo. Cada cepa modificada, molécula activa, cultivo, organismo objetivo y vía de exposición necesita evaluaciones específicas de eficacia y seguridad antes de una utilización comercial.
La comparación con otros desarrollos de RNA agrícola también muestra que existen distintas formas de llevar estas moléculas al campo. Un biofungicida puede aplicar directamente RNA producido industrialmente, mientras la propuesta de Robigo utiliza un organismo vivo modificado para producir el agente activo durante su permanencia en el sistema agrícola.
De CRISPR al RNA de interferencia
La historia de la empresa muestra cómo una misma plataforma biotecnológica puede cambiar de mecanismo durante su desarrollo. La idea inicial de sus fundadores consistía en diseñar microorganismos capaces de transportar sistemas CRISPR y utilizarlos para eliminar bacterias perjudiciales para los cultivos.
Con el avance del proyecto, Robigo pasó a concentrarse en RNAi. La empresa mantiene la ingeniería microbiana como núcleo tecnológico, pero utiliza ahora el silenciamiento de funciones genéticas del patógeno como mecanismo de acción.
La transición también diferencia esta tecnología de la edición genética aplicada directamente a las plantas. En este caso no se pretende modificar el genoma de la soja o la lechuga, sino programar microorganismos asociados al sistema agrícola para producir moléculas que actúen contra los agentes causantes de enfermedades.
La biología sintética permite precisamente diseñar sistemas vivos con funciones definidas. El desafío para su aplicación agrícola consiste en conseguir que esas funciones se mantengan estables fuera del laboratorio, donde temperatura, radiación, humedad, microbiota, suelo y prácticas de manejo pueden modificar considerablemente el comportamiento del organismo.
La siguiente etapa apunta a productos comerciales
Robigo está ampliando sus ensayos y colaboraciones con compañías agroquímicas mientras desarrolla nuevos productos mediante ARGO. La empresa señaló que durante 2026 está multiplicando por cuatro la escala de sus pruebas y prevé una expansión adicional posteriormente.
Además del producto dirigido al síndrome de muerte súbita de la soja, la compañía desarrolla otra solución para una enfermedad fúngica importante de lechuga y cultivos de berries. Los datos divulgados por la empresa indican que este segundo desarrollo triplicó el rendimiento frente a controles no tratados en determinados ensayos y tiene como objetivo comercial 2029.
Estas fechas corresponden a planes empresariales y no garantizan la disponibilidad comercial. Antes de llegar al agricultor, los productos deberán completar ensayos adicionales, demostrar consistencia entre temporadas y ambientes, escalar su fabricación y superar los procesos regulatorios correspondientes.
El reto es especialmente exigente para microorganismos diseñados genéticamente porque su evaluación debe considerar no solo la eficacia contra el patógeno, sino también su comportamiento ambiental, estabilidad genética, persistencia y posibles interacciones con otros organismos.
Los resultados obtenidos hasta ahora trasladan la tecnología desde una prueba exclusivamente de laboratorio hacia una etapa de validación agrícola. Si la protección observada en soja y lechuga se mantiene en ensayos más amplios, los microorganismos programados mediante biología sintética podrían constituir una nueva categoría de bioinsumos: organismos capaces de instalar temporalmente en el campo una pequeña plataforma biológica de producción de moléculas dirigidas contra enfermedades concretas.
Fuentes referenciales:
Massachusetts Institute of Technology
Robigo

