El John Innes Centre y el Instituto de Investigación Agrícola de Tanzania capacitaron a especialistas en una tecnología que identifica el hongo de la piriculariosis del trigo mediante un cambio de color, sin utilizar equipos complejos de PCR.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario BET
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo de investigadores del John Innes Centre, del Reino Unido, ha introducido en Tanzania una herramienta de diagnóstico molecular diseñada para identificar rápidamente uno de los patógenos más peligrosos para la producción de trigo. La tecnología utiliza pruebas de amplificación isotérmica de ADN, conocidas como LAMP, que permiten detectar la presencia del hongo responsable de la piriculariosis del trigo mediante un procedimiento relativamente económico y accesible para laboratorios agrícolas con recursos limitados.
La iniciativa, presentada oficialmente el 19 de octubre de 2026, se desarrolló en colaboración con el Instituto de Investigación Agrícola de Tanzania (TARI). Su importancia radica en que la enfermedad todavía no ha sido detectada en territorio tanzano, pero ya está presente en Zambia, país vecino donde constituye una amenaza para la producción cerealera.
Durante la capacitación participaron 21 representantes de cinco instituciones de Tanzania. Los investigadores recibieron formación práctica y materiales para analizar muestras sospechosas durante la próxima campaña agrícola, fortaleciendo la capacidad nacional de vigilancia fitosanitaria antes de que se produzca una posible introducción del patógeno.
Una prueba de ADN que cambia de color cuando detecta el hongo
La innovación procede del laboratorio dirigido por la profesora Diane Saunders en el John Innes Centre. El equipo desarrolló ensayos moleculares capaces de reconocer material genético del hongo Magnaporthe oryzae, patotipo Triticum, responsable de la piriculariosis del trigo, también conocida internacionalmente como wheat blast.
El procedimiento se basa en la amplificación isotérmica mediada por bucle, denominada LAMP por sus siglas en inglés. Esta técnica multiplica secuencias específicas de ADN a una temperatura constante, evitando los ciclos repetidos de calentamiento y enfriamiento utilizados en la reacción en cadena de la polimerasa convencional.
La diferencia tiene consecuencias prácticas. Mientras una prueba PCR tradicional requiere un termociclador, los ensayos LAMP desarrollados para esta aplicación pueden realizarse utilizando una placa calefactora sencilla. La fase de calentamiento dura aproximadamente entre 30 minutos y una hora.
Una característica especialmente útil es su sistema de lectura visual. Cuando la muestra contiene el material genético buscado, la reacción cambia de rosa a amarillo. De esta manera, el personal especializado puede interpretar el resultado sin depender necesariamente de equipos sofisticados de lectura molecular.
La tecnología se incorpora a una línea de investigación que busca trasladar el análisis de patógenos vegetales mediante herramientas genómicas desde laboratorios especializados hacia sistemas de vigilancia más rápidos y accesibles.
La biotecnología permite distinguir enfermedades con síntomas similares
Uno de los principales desafíos de la vigilancia del trigo es que diferentes enfermedades fúngicas pueden producir manifestaciones visuales parecidas. La piriculariosis provoca daños en las espigas, decoloración de tejidos y formación deficiente de granos, síntomas que pueden confundirse con los ocasionados por la fusariosis de la espiga.
Esta última enfermedad está asociada principalmente con hongos como Fusarium graminearum y constituye un problema conocido en numerosas regiones productoras de cereales. Su presencia puede provocar pérdidas de rendimiento y contaminación del grano con micotoxinas.
La similitud de los síntomas dificulta establecer un diagnóstico confiable mediante la observación directa. Una identificación equivocada podría retrasar la respuesta frente a la introducción de un patógeno que todavía no se encuentra establecido en determinado territorio.
Los ensayos desarrollados por el John Innes Centre permiten investigar molecularmente la presencia de ambos agentes causales mediante pruebas específicas. El personal puede analizar muestras sospechosas y obtener una identificación preliminar que posteriormente puede verificarse mediante procedimientos más avanzados.
Esta estrategia complementa otras aplicaciones de la biotecnología agrícola, como la secuenciación de ADN de esporas para vigilar la resistencia a fungicidas, desarrollada por investigadores australianos para estudiar patógenos presentes en cultivos de granos.
Tanzania refuerza su vigilancia antes de que llegue la enfermedad
El despliegue de la tecnología tiene un carácter preventivo. De acuerdo con la información publicada por el John Innes Centre, hasta el anuncio del 19 de octubre de 2026 no se había confirmado la presencia de piriculariosis del trigo en Tanzania.
Sin embargo, el patógeno fue identificado en Zambia en 2018, específicamente en el distrito de Mpika, y posteriormente se extendió hacia otras zonas. Su proximidad geográfica genera preocupación por una eventual propagación hacia nuevas regiones agrícolas del este de África.
La doctora Caresma Chuwa, directora de TARI-Selian, destacó la necesidad de contar con procedimientos que permitan reconocer rápidamente el hongo si aparece en los campos. La capacidad de respuesta depende, en buena medida, del tiempo necesario para identificar correctamente la amenaza.
La capacitación realizada en las instalaciones de TARI-Selian reunió a investigadores de diferentes instituciones nacionales. Además de aprender el procedimiento, los participantes recibieron suministros suficientes para comenzar a examinar muestras sospechosas durante la siguiente temporada.
El programa no supone que Tanzania haya registrado un brote. Representa la incorporación de una capacidad diagnóstica destinada a identificar tempranamente una posible introducción y proporcionar información a los organismos responsables de adoptar medidas fitosanitarias.
Un patógeno capaz de provocar pérdidas agrícolas severas
La piriculariosis del trigo fue reconocida por primera vez en Brasil en 1985. Posteriormente apareció en otros territorios sudamericanos y llegó a Bangladesh en 2016, antes de confirmarse su presencia en África.
La enfermedad se desarrolla especialmente bajo condiciones cálidas y húmedas. Puede afectar hojas y espigas, alterar la formación de los granos y comprometer gravemente el rendimiento cuando las condiciones favorecen una epidemia.
Según el John Innes Centre, los brotes severos pueden ocasionar pérdidas de entre el 50 % y el 100 % de la cosecha en los campos afectados. Estas cifras describen situaciones de alta gravedad y no deben interpretarse como pérdidas inevitables en todas las infecciones.
La propagación del patógeno puede estar relacionada con esporas transportadas por diferentes mecanismos, incluidos materiales vegetales infectados y actividades humanas. Por esta razón, la vigilancia de las zonas productoras y la identificación precisa de muestras sospechosas son componentes importantes de los programas de protección agrícola.
La investigación genética también aporta herramientas complementarias. En el caso de otras enfermedades del cereal, los científicos han utilizado la caracterización genómica de los hongos responsables de la roya del trigo para comprender cómo aparecen variantes capaces de superar determinados mecanismos de resistencia vegetal.
Estas aproximaciones cumplen funciones distintas: el diagnóstico molecular permite identificar la presencia de un patógeno, mientras que la secuenciación y el análisis genómico pueden proporcionar información adicional sobre su diversidad, evolución y comportamiento.
Una red internacional conecta los resultados del diagnóstico
La iniciativa desarrollada en Tanzania forma parte de un esfuerzo más amplio de vigilancia internacional de enfermedades del trigo. El ensayo LAMP fue desarrollado en el marco del proyecto Global Surveillance Advisory System (GSAS), orientado a fortalecer las capacidades de detección y seguimiento de amenazas agrícolas.
Los resultados de este trabajo están vinculados con DEWAS, una red internacional de alerta temprana y asesoramiento sobre enfermedades del trigo que integra vigilancia, diagnóstico y herramientas de información para apoyar decisiones fitosanitarias.
La participación de centros nacionales resulta fundamental porque permite generar información desde los territorios donde pueden aparecer nuevos focos de infección. En lugar de depender exclusivamente del envío de muestras a laboratorios extranjeros, los especialistas locales pueden realizar pruebas iniciales y comunicar resultados a las redes correspondientes.
El Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) participa en iniciativas de vigilancia que combinan diagnósticos, seguimiento de enfermedades y herramientas digitales. Entre ellas figura el desarrollo de capacidades para reconocer cambios en las poblaciones de patógenos y facilitar respuestas coordinadas.
Esta integración entre biología molecular y sistemas de información representa una aplicación concreta de la digitalización de la sanidad vegetal. Los datos obtenidos mediante pruebas de laboratorio pueden alimentar programas de seguimiento epidemiológico, aunque su interpretación requiere protocolos de calidad, confirmación y coordinación institucional.
La siguiente etapa busca eliminar la necesidad de refrigeración
Aunque la tecnología reduce considerablemente las exigencias de equipamiento frente a determinados métodos convencionales, todavía presenta limitaciones operativas. Los ensayos actuales requieren una etapa de calentamiento y determinados reactivos deben conservarse bajo condiciones controladas.
El equipo investigador trabaja ahora en nuevas versiones que puedan utilizarse sin calentamiento y sin depender de reactivos refrigerados. Alcanzar esas características facilitaría su utilización en zonas rurales donde la electricidad, la cadena de frío y el acceso a laboratorios especializados son limitados.
La reducción de estos requisitos podría ampliar la disponibilidad de diagnósticos moleculares cerca de las explotaciones agrícolas, disminuyendo la necesidad de transportar continuamente muestras hacia centros distantes.
El trabajo también demuestra que la innovación biotecnológica no se limita a modificar genéticamente los cultivos. El desarrollo de herramientas de diagnóstico, métodos de amplificación de ADN y plataformas de vigilancia constituye otra vía para proteger la producción agrícola.
En paralelo, la investigación sobre resistencia vegetal continúa avanzando. Un ejemplo es la identificación del gen H13 que protege al trigo frente a la mosca de Hesse, un descubrimiento que permite comprender mecanismos moleculares de defensa y explorar nuevas estrategias de mejoramiento.
En Tanzania, el resultado inmediato es más específico: especialistas de cinco instituciones cuentan ahora con formación y materiales para utilizar una prueba molecular que antes no formaba parte de esta capacitación nacional. Su eficacia operativa dependerá de la aplicación de protocolos adecuados, la confirmación de resultados sospechosos y la continuidad del sistema de vigilancia.
La experiencia ofrece un modelo de transferencia tecnológica entre centros científicos internacionales e instituciones agrícolas nacionales. Su valor reside en acercar herramientas de biología molecular a regiones donde la detección temprana puede resultar decisiva para impedir que una enfermedad emergente se extienda sin ser reconocida.
Fuentes referenciales:
John Innes Centre – New wheat disease detection tool established in Tanzania (19 de octubre de 2026)
CIMMYT – Wheat Disease Early Warning Advisory System (DEWAS)

