
🖋️ Por Raúl Méndez C. – Bitácora del Futuro Rural
En el campo mexicano se habla mucho de innovación, pero se decide poco. Esa es, quizá, la mayor contradicción del momento. Drones, sensores, inteligencia artificial, agricultura de precisión: todo suena moderno, atractivo y hasta inevitable. Sin embargo, cuando uno baja del foro y pisa la parcela, la realidad es otra.
El productor no está esperando una revolución tecnológica. Está esperando certeza.
Certeza sobre el precio que va a recibir, sobre el agua que tendrá, sobre si el crédito llegará a tiempo o no. Y mientras esas preguntas sigan sin respuesta, la tecnología seguirá siendo un lujo más que una herramienta.
Tecnología sin política es solo marketing
En México hay experiencias exitosas de digitalización agrícola. No se puede negar. En el Bajío, en Sinaloa, en partes de Jalisco y Sonora, algunos productores ya trabajan con mapas de rendimiento y aplicaciones de insumos casi quirúrgicas. El problema es que eso no es la norma, es la excepción.
La mayoría del campo sigue operando con márgenes mínimos y decisiones de corto plazo. No porque no quiera modernizarse, sino porque no puede arriesgar lo poco que tiene.
Hablarle de sensores a un productor que no sabe si podrá sembrar la próxima temporada es, como mínimo, desconectado.
El verdadero cuello de botella
El debate suele centrarse en la falta de tecnología, pero el cuello de botella real es otro: la gestión.
Gestión del agua, del crédito, del conocimiento y del riesgo.
Mientras no exista una política rural que entienda al productor como empresario —aunque sea pequeño— y no solo como beneficiario, cualquier intento de modernización será parcial. El campo no necesita discursos inspiradores, necesita reglas claras y continuidad.
Jóvenes, pero no ingenuos
Hay una generación joven que sí quiere quedarse en el campo. Lo veo seguido. Jóvenes que manejan datos, que entienden el clima, que saben leer mercados. Pero también son realistas. No se quedan por romanticismo, se quedan si el campo tiene futuro económico.
Cuando ese futuro no aparece, migran. No a la ciudad solamente, sino a otros sectores. Y cada joven que se va es conocimiento que se pierde.
Innovar también es decidir qué no hacer
No todo avance es tecnológico. A veces innovar es simplificar, reducir costos, diversificar riesgos.
El productor que sobrevive hoy no es el que tiene más gadgets, sino el que toma mejores decisiones con la información que tiene.
La agricultura del futuro no será espectacular. Será eficiente. Y eso requiere menos promesas y más coherencia.
El futuro rural se construye hoy, sin slogans
El campo mexicano no necesita milagros ni frases bonitas. Necesita decisiones firmes, sostenidas en el tiempo.
La tecnología puede ser una aliada poderosa, pero solo si llega acompañada de política pública inteligente y respeto por la realidad productiva.
El futuro rural no va a llegar solo. Hay que decidirlo.
Raúl Méndez C. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario BET
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Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.
