Logran un antídoto contra la medusa más letal usando técnicas CRISPR


La avispa de mar o medusa de caja es la criatura viva más mortífera del planeta. Cada uno de estos seres contiene suficiente veneno para matar hasta 600 personas. Ahora, científicos australianos han probado la eficacia en ratones de un antídoto que ha sido desarrollado mediante técnicas de edición genética CRISPR.




Investigadores de la Universidad de Sydney (Australia) han descubierto un antídoto contra la picadura mortal de la criatura más venenosa del mundo: la medusa de caja (Chironex flecker), más popularmente conocida como avispa de mar, que habita fundamentalmente en las aguas costeras australianas.

Una sola picadura causa necrosis de la piel, dolor insoportable y, si la dosis de veneno es grande, paro cardíaco y muerte en cuestión de minutos

El fármaco ha mostrado eficacia en líneas celulares humanas y en ratones. Los investigadores esperan ahora desarrollar una aplicación tópica para humanos. Los resultados del trabajo se han publicado en el último número de la revista Nature Communications.

La medusa australiana tiene unos 60 tentáculos que pueden crecer hasta tres metros de largo con millones de ganchos microscópicos llenos de veneno. Cada una de ellas, contiene suficiente veneno para matar entre 60 y 600 personas. Una sola picadura causa necrosis de la piel, dolor insoportable y, si la dosis de veneno es lo suficientemente grande, paro cardíaco y muerte en cuestión de minutos. 

El equipo liderado por los investigadores Greg Neely y Man-Tat Lau, especializado en el estudio del dolor en el Centro Charles Perkins de la universidad australiana, llevaba tiempo estudiando cómo actúa el veneno de las avispas de mar cuando descubrió el fármaco que bloquea los síntomas de la picadura de esta medusa.

Según comenta Greg Neely a Sinc, “los fármacos actuales tienen efectos limitados, y ninguno es capaz de dirigirse directamente al dolor o a la muerte del tejido, que son algunos de los efectos más inmediatos de la exposición a la toxina. Un obstáculo importante para el desarrollo de nuevos tratamientos es la limitada comprensión molecular de la acción del veneno”, subraya

Neely y su grupo estaban investigando el funcionamiento del veneno de esta medusa para tratar de entender mejor cómo causa dolor. “Utilizando las nuevas técnicas de edición del genoma CRISPR pudimos ver rápidamente la forma en la que su veneno mata las células humanas”, subraya.

Los autores identificaron varios genes esenciales para la toxicidad de las células venenosas, incluyendo aquellos involucrados en la biosíntesis del colesterol, y mostraron que interferir con estos genes aumentaba la resistencia a la toxina de las medusas.

Su administración redujo el dolor y bloqueó la muerte del tejido en ratones cuando se administró hasta quince minutos después de la exposición a la toxina

El primer antídoto molecular

Luego administraron un medicamento, llamado 2-hydrosypropyl-β-cyclodextrins, que modula el colesterol y se ha utilizado en humanos para tratar la enfermedad de Niemann-Pick, que redujo el dolor y bloqueó la muerte del tejido en ratones cuando se inyectó hasta quince minutos después de la exposición a la toxina.

El plan futuro es que el medicamento se pueda administrar como un spray o una crema tópica, según el autor.

“Hemos logrado hacer la primera disección molecular de cómo funciona este tipo de toxina, y es posible que funcione con cualquier veneno. Es el primer antídoto molecular», destaca Neely.

El investigador señala que su equipo ha comenzado a aplicar este proceso al estudio  de otros venenos, así como de toxinas ambientales que afectan la salud humana. “la detección combinada de CRISPR es asombrosa y poderosa. Es como el punk rock de la investigación biomédica. Nos puede decir rápidamente cómo funcionan realmente los fármacos, las toxinas y los venenos. Está revolucionando la forma en que hacemos ciencia en todo el mundo”, concluye. 

Referencia bibliográfica:

Greg Neely y Man-Tat Lau et al. “Molecular dissection of box jellyfish venom cytotoxicity highlights an effective venom antidote”. Nature Communications (30 de abril, 2019) DOI 10.1038/s41467-019-09681-1